La curiosidad en la infancia | Edúkame

La curiosidad en la infancia

Cómo podemos acompañar la curiosidad de nuestros hijos

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Recuerden o imaginen a un niño agachado al borde de un charco. ¿Qué creen que hará? ¿Qué hará si el niño tiene 1 año?, ¿y si tiene 2?, ¿y con 3, 4, 5, 6 y 7 años?

Para mí, hay tres elementos en la situación que permanecen estables en ese periodo de tiempo: el charco, el niño y su curiosidad. Es cierto que irán cambiando las formas de relacionarse con el charco y el foco de la investigación “charquil”, pero la esencia de la interacción entre los tres elementos será lo que permanecerá  para el resto de su vida, esto es, los recursos y conocimientos que le ha proporcionado el aprendizaje experiencial, vivenciado, que parte de sus intereses y necesidades, que abastece su curiosidad y la recarga sin límites, que establece redes de sabiduría interna con lo que ya sabe y se prepara para conectar con lo nuevo que aprehenderá.

Actitudes para acompañar la curiosidad

Desde este punto de partida, ¿es necesario acompañar la curiosidad en la infancia?  Cada uno tendrá su propia respuesta. Sin embargo, merece la pena que como adultos acompañantes de niños hagamos una pausa para observarnos.

Por ejemplo, ¿recuerdan lo primero que han pensado, sentido y hecho cuando les he presentado la situación con el niño frente al charco?, ¿y lo que han pensado, sentido y hecho cuando les he formulado la pregunta de qué creen que hará?

Puedo plantear algunas posibilidades:

  • Posibles pensamientos: ¡Cómo se lo va a pasar!, ¡Madre mía, se va a manchar la ropa!, Dios mío,¡¿qué hago?!, Como se moje se va a enfermar…
  • Posibles emociones y sentimientos: asco, miedo, angustia, desconfianza, confianza, alegría, curiosidad, inseguridad…
  • Posibles comportamientos: resoplar, sonreír, mirar hacia otro lado, llevarse las manos a la cabeza, alzar las cejas…

¿Cómo estoy acompañando la curiosidad del niño?

Cada uno de estos estados, integrados por un pensamiento y una emoción o sentimiento, conforman nuestra actitud y manera de comportarnos ante la situación.

Según la actitud que tengamos en ese momento, así valoraremos el acto el niño y obraremos en consecuencia.

Por este motivo, es relevante que pongamos nuestra mirada en lo que nos pasa a nosotros porque solo observándonos podremos saber de qué manera estamos acompañando al niño mientras despliega la herramienta más preciada de la niñez: la curiosidad.

Esta observación interna nos permitirá acompañar al pequeño favoreciendo, incitando, conteniendo u ofreciendo alternativas a su deseo interno de descubrir y aprender, desde la seguridad y la confianza que le aportará nuestra presencia.

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Escrito por:

Ana Arribas
Ana Arribas

Pedagoga y coach especialista en inteligencia emocional

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