El deporte infantil enseña y educa las emociones | Edúkame

El deporte infantil enseña y educa las emociones

El deporte enseña a los niños sobre sus emociones y las de los demás

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El contenido de este post, pertenece a la guía Edukame que aborda el tema sobre Emociones y deporte

Las cosas del deporte que no gustan y que enseñan

Durante el deporte, muchas veces surgen emociones y sentimientos negativos a los que los adultos debemos estar alerta para poderles ayudar a enfocar y canalizar. Siempre en un grupo de niños hay uno que destaca más que otro o que corre más, mete más goles, salta más.

Los niños que tienen una baja autoestima pueden sentir  que ellos “no lo hacen tan bien" como sus compañeros, lo cual puede hacerles sentir que no  son los suficientemente buenos y  repercutir negativamente en su autoestima. Es importante estar alerta de ello, para poder apoyarles y explicarles que a cada uno se nos da mejor una cosa, lo cuál no quiere decir que seamos ni mejores ni peores: “A ese niño se le da bien meter goles, pero no se le da tan bien superar su enfado cuando pierde”. 

Para potenciar la autoestima de un niño es necesario que se sienta valorado por lo que sí hace, que sea reconocido y verbalizado por el adulto le ayudará a irse conociendo y valorando mejor. En estos casos es necesario hacerles de espejo, es decir, devolverles lo que sí saber hacer porque por ellos mismos no se dan cuenta o lo que es peor, no se lo valoran.

Por otro lado, cuando a un niño no le haya salido algo bien durante la práctica de ese deporte, es fundamental no ridiculizarlo,  ni reírnos, ni permitir que el resto de equipo se ría; porque le estamos dañando emocionalmente y además no estaremos creando un equipo o clase inteligente emocionalmente.

Perder o sufrir una caída

1. Perder. A los niños no les gustar perder en sus juegos o deportes pues suelen interpretarlo con que han sido derrotados porque “son malos” o poco hábiles. Además, en todo juego o práctica deportiva se suelen celebrar las victorias y no las derrotas. Así, si ganan reciben un reconocimiento pero, si pierden, no; y esto es frustrante.

Los niños pequeños necesitan de muchas escenas de no ganar, para ir aprendiendo poco a poco a ir tolerando la frustración. Una tolerancia que se va ganando con la edad si se va enseñando y practicando que además denota poseer inteligencia emocional.

Deberíamos enseñar a los niños que en todo juego o deporte se pierde y se gana, que perder forma parte del juego, por tanto, cuando juegan pueden pasar dos cosas: ganar o perder. Pero ambas son importantes porque enseñan. Perder enseña a afrontar la frustración. En este caso la frustración de no ganar, de no destacar sobre los demás.

Lo más normal es que el niño muestre esta frustración con enfado, pues no ha obtenido lo que deseaba que fuera ganar. Por lo tanto, perder permite aprender a tolerar las adversidades (como otras que le planteará la vida). Sí debemos permitir que expresen su enfado por no ganar, llorando, gritando, pataleando, etc., sin hacerse daño a ellos mismos ni a nadie.

Veréis como, después de la tormenta, vendrá la calma emocional.  Cuando los niños se sienten respetados en sus emociones y  sienten que sus padres o maestros confían en ellos, en sus verdaderas capacidades, avanzan rápidamente. Y pueden pasar del llanto más rabioso a la calma y risa en cuestión de pocos minutos como si nada hubiera pasado.

El juego o deporte es más que ganar o perder, está lleno de aspectos importantes que fomentan la inteligencia emocional; como ayudarles a tomar conciencia de sus emociones y las ajenas : ¿Qué momento del partido ha sido divertido o agradable para ti? ¿Qué  sensaciones agradables has vivido mientras nadabas? ¿Y desagradables? ¿Y qué sensaciones has compartido con tus amigos de vestuario? ¿Qué has descubierto de ti mismo, de tu cuerpo, de tus pensamientos mientras jugabas a fútbol hoy?

2. Golpes y caídas. Durante la práctica de cualquier deporte o juego, se pueden caer o dar algún golpe contra el suelo, con la raqueta, con el balón, en la piscina, etc.,  generando sensaciones corporales de dolor que el niño puede relacionar con emociones de miedo, inseguridad o incluso angustia.

Si las experiencias dolorosas no están acompañadas de un adulto (el padre o entrenador) que le atienda tanto corporal como emocionalmente, el niño relacionará la práctica de ese deporte o juego con emociones desagradables, incluso, de rechazo.

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Escrito por:

Cristina Garcia
Cristina Garcia

Pedagoga, Terapeuta infantil, Orientadora familiar, fundadora de Edúkame

Web: Edúkame Perfil G+: ver

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