Los límites ofrecen al niño seguridad física y emocional
Últimamente utilizo mucho el término acompañar como función de los padres, las madres, los docentes o cualquier persona que tenga el papel de ser modelo de referencia para el niño. Me gusta porque es un término que no invade, pero que sostiene, contiene y alienta.
Desde la inteligencia emocional, ese acompañamiento se basa en proporcionar un marco de referencia al niño de manera que vaya conociendo y comprendiendo lo que pasa en su mundo interior y en el de los que le rodean. La manera de hacer esto cuando son pequeños es la de ayudarles a poner nombre a las emociones que están sintiendo, ofrecerles alternativas que les ayuden a expresarlas y canalizarlas, ya sea a través de un cuento, de pintar un dibujo o de golpear una almohada y marcar unos límites claros que les den seguridad y orientación.
La intención de las palabras
Sí, una de la funciones del acompañamiento es la de poner límites.
Límites, esa gran palabra que a veces nos confunde tanto a los padres y madres… sobre todo si le damos una connotación negativa como coartar, negar o reprimir. Pero no siempre la connotación ha de ser negativa.
Por ejemplo, en América Latina, utilizan la palabra “contención” cuya definición en la RAE es, entre otras, reprimir o moderar una pasión, para referirse al hecho de acompañar el proceso educativo del niño mediante la provisión de bienestar y seguridad física y emocional, respetando su espacio, es presencia amorosa de los adultos de referencia que le proporcionan apoyo incondicional pero no invasor, que estimula y fortalece su madurez y autoestima.
¿Para qué sirve acompañar con límites?
Los límites en el proceso de desarrollo del niño son necesarios porque le ofrecen seguridad física y emocional, independientemente de que a veces no nos lo parezca porque los pongan a prueba y a nosotros, los padres, con ellos. Sin embargo, especialmente para su mundo emocional, los límites funcionan como boyas en medio del océano.
Los niños necesitan probar y desafiar esos límites para ganar seguridad y confianza en ellos mismos, así está establecido en sus células y desde pequeños practican para llegar a desarrollar su propia autodisciplina, que no será otra que los límites que ellos hayan ido eligiendo a lo largo de su desarrollo para sí mismos.
Los límites con los que los acompañemos a los niños en sus primeros años serán los pilares sobre los que construirán su libertad.