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El cerebro tiene su propio corazón

Las emociones en el primer año de vida, las grandes olvidadas

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Este texto ha sido escrito por Elizabeth Fodor.Elizabeth es investigadora y escritora especializada en el método PEKIP del desarrollo infantil en la etapa pre verbal por el DBS de Alemania; los dos primeros años del niño y las técnicas de la Educación Temprana. El texto forma parte del prólogo incluido en la suscripción "Las emociones en el primer año de vida".

Las emociones del bebé han sido invisibles

Durante décadas, las emociones del bebé en su primer año de vida han sido invisibles. En la actualidad, los científicos crean para la humanidad nuevos mundos para entender la vida, donde las emociones están a la orden del día. Gracias a ellos sabemos que el amor hacia el pequeñín brota de la mirada de su madre. Se trata de una energía que emana del cerebro de ella, pasando a través de su mirada, para entrar por los ojos del bebé y estimular su cerebro.

El sistema límbico es el protagonista de las emociones. Tanto las emociones que experimenta como el estímulo que recibe influyen en el proceso de adaptación. De este modo, el bebé, al cumplir su primer año de vida, ha desarrollado el 70 % de su cerebro. Cuando un bebé llega a nuestra vida, nos colma de felicidad pero también nos llena de dudas e incertidumbres. Nos surgen tantas preguntas y nos sentimos tan desamparados como él.

¿Cómo puedo conseguir que su vida sea todo un mundo de sonrisas?

La respuesta es jugando con él: compartiendo la alegría y la espontaneidad que posee para recordar así lo gratificante que es el juego compartido. De esta manera, verás que desaparecerán las dudas y ansiedades, y disfrutaréis juntos. No obstante, si sigues “dándole vueltas”, recurre a un grupo de juegos, donde podrás compartir con otras mamás, papás y niños el crecimiento de tu hijo y encontrar soluciones a tus dudas sintiéndote arropado.

Después de dar a luz, el cuerpo de mamá se convierte en el hogar del recién llegado. Démosle la bienvenida con un cuerpo cálido y relajado. Unas manos suaves y firmes –donde los dedos se convierten en la prolongación del corazón– sabrán transmitirle seguridad y amor, acariciando rítmicamente su cuerpecito. Él reconocerá la voz de mamá, que le habla con dulzura y expresa la alegría de poder abrazarlo. El olor del cuerpo de mamá le inspirará comodidad y felicidad. ¡Qué agradable encontrar sensaciones conocidas en un mundo donde todo es nuevo!

En el bebé surgen habilidades para mirar, mover los brazos y piernas, coger los objetos, tocar el cuerpo de los padres, etc. Así descubrirá, por ejemplo, que el pecho de mamá es suave y huele diferente, y que en el pecho de papá sus pequeños deditos pueden enroscarse en los pelitos. Toca, mira, saborea y experimenta al oír la voz armoniosa y suave de sus padres, que a su vez hacen gestos amplios y se funden en un festejo de alegría por los logros del bebé: inteligencia emocional en plenitud.

Lo que para los adultos es una actividad y una actitud normal, para él es un logro increíble. Por eso es necesario manifestar alegría y reconocimiento por ejemplo canturreando: “Todo tú eres amor. Verte crecer es mi mayor placer. Cada descubrimiento tuyo me hace creer que el orgullo es poder tener en mis brazos todo lo que tú eres”.

El bebé crece, aprende y desarrolla su inteligencia emocional a través de los abrazos del amor. Abrazar y acariciar es un arte, y como tal, es necesario que lo aprendamos para contactar con su ser interior. El primer año de la vida del niño es fascinante, pues cambia mes a mes. En ninguna otra etapa aprenderá tantas cosas como en esta: llorar, reír, esperar, jugar, despedirse, parlotear, andar, experimentar, pensar, comunicarse, etc. 

Mamá, papá: cread un ambiente mágico donde la rutina diaria se convierta en todo un mundo de sensaciones.

Este texto es un fragmento del prólogo elaborado por Elizabeth Fodor. y se incluye en la guía de Edúkame "Las emociones en el primer año de vida". Si quieres continuar leyendo más sobre el tema, puedes hacerlo suscribiéndote a las guías y materiales aquí.

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Escrito por:

Elizabeth Fodor
Elizabeth Fodor

Pedagoga Social, escritora e investigadora

Web: efodor

  • erubingallo

    Como dice Elizabeth, las emociones se graban en el cerebro incluso antes de nacer, por eso yo os animo a llenar nuestro cerebro de amor, alegría y ternura para enfrentarnos a las experiencias que nos depara la vida, las buenas y las no tan buenas
    Creo que las emociones son las grandes protagonistas en nuestra aventura de ser madres. Conocer, reconocer y saber manejar nuestras emociones nos permite ofrecer a nuestros hijos una herramienta valiosísima.

  • info_28

    Un artículo fantástico sobre las emociones del bebé. Me encantó¡¡¡

  • eferran

    Cada día creo y confío más en que entre educadores y personas que nos relacionemos con niños, haya un trabajo personal desde el adulto para aprender a conocer y gestionar primero nuestras propias emociones, para luego poder entender y acompañar las de nuestros hijos. El despertar del mundo emocional, como muy bien apunta Fodor, es antes de lo que imaginamos y que merece una atención especial desde el nacimiento e incluso desde el embarazo. La seguridad que ofrecen a sus hijos unos padres "bien amueblados" emocionalmente, es decir, emocionalmente sanos, no tiene precio. ¡Ánimo y amor para todos!

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