Educar en la sinceridad a nuestros hijos | Edúkame

Educar en la sinceridad a nuestros hijos

Enseñar al niño a ser sincero implica respeto y aceptación

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La sinceridad supone expresar lo que sentimos, pensamos y opinamos libre de cualquier fingir.  Siendo sinceros, nos mostramos como somos, sin dobleces.

La base de la aceptación

Cuando nuestros hijos son sinceros, aún a riesgo de ser inoportunos y políticamente incorrectos, están muy en contacto con lo que sienten y lo que necesitan, por tanto si respondemos a esta conducta desde la comprensión y no desde el reproche, estamos favoreciendo que nuestro peque siga conectado a lo que él quiere y desea.

Si aceptamos su sinceridad estamos aceptándolo tal y como es, diciéndole con esto, que no es necesario mentir, ni fingir, puesto que el amor que sentimos por él no desaparece ni se interrumpe ante malas noticias o comentarios poco apropiados.

Si educamos a nuestro hijo en base a la sinceridad, no solo se mostrará mucho más abierto y confiado, su autoestima e identidad se formarán más sólidas, al igual que las relaciones que establezca con la gente que le rodea.

Relaciones más sanas

Si le inculcamos este valor, estamos favoreciendo su desarrollo de una forma muy positiva, puesto que la sinceridad es la base para que se puedan desarrollar también la honradez, la lealtad, la amistad, respeto... valores clave para establecer relaciones de forma mucho más positiva y sana.

No solo sentirá que puede ser aceptado, sabrá aceptar más a los demás, puesto que si es educado en un ambiente de tolerancia y comprensión, actuará en consecuencia, y al igual que él se siente aceptado por cómo es, el también aprenderá a aceptar a los que le rodean.

¿Y nosotros?

Suben en el ascensor dos vecinos con sus hijos, uno de los niños va comiendo chucherías y el otro mira las golosinas con deseo. El padre del niño de las chuches le riñe por no ofrecer, así que sin ninguna gana porque le quedan muy pocas, lo hace. El niño hambriento mira a su madre pidiéndole aprobación y ella con cara de enfado, le transmite que ni se le ocurra coger”.

En esta situación ambos padres deberían preguntarse entre otras muchas cosas, ¿por qué hago participe a mi hijo de este juego de cortesía? ¿A quién quiero agradar con eso? ¿Estoy escuchando lo que quiere mi hijo?

Es importante observarnos y coger la oportunidad que nos ofrecen nuestros hijos para aprender de nosotros mismos y ver que le estamos impidiendo a nuestro hijo que tampoco me permito a mí. Quizás si no era bien recibido en tu casa el expresarte, quejarte o llorar cuando lo necesitabas porque se considera de mala educación, por eso tampoco se lo estés permitiendo a tu hijo, pero pregúntate ¿creo yo realmente en eso?

Orientando con ternura

Orientarlos y ayudarlos a expresarse con sinceridad, consiste en validar los sentimientos y las opiniones que surjan en nuestros peques, escuchándolos y guiándolos cuando sea necesario sobre cómo deben hacerlo.

Por ejemplo, refuérzale cuando sea sincero, no solo cuando no dice mentiras, sino cuando expresa cómo se siente lo que quiere, ya sea mediante la palabra o acciones, devolviéndole como se encuentra. Si un día no le apetece ir a jugar, es muy diferente alentarle con un “claro que te apetece, no seas tonto que luego te lo pasas bien” que diciéndole “veo que no tienes ganas, podemos bajar un ratito y si quieres nos vamos antes”. De esta forma validamos su sentimiento, fomentando que el niño sea consciente de cómo se encuentra y le ofrecemos alternativas compatibles con lo que está expresando.

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Escrito por:

Paula Ramírez
Paula Ramírez

Psicóloga, en formación Gestalt y Psicología clínica.

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