Cómo poner límites a los niños de 3 a 6 años

¿Cómo acoger su frustración?

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El niño de 3 a 6 años empieza a comprender que no todo puede ser del modo en que a él le gustaría, por lo que, si en la anterior etapa –de 0 a 3 años– fue recibiendo normas y límites adecuados, se empezará a mostrar un poco más tolerante, un poco más flexible comparado con la obstinación de la etapa anterior.

A los 3 años, el cerebro infantil entra en una fase de estabilidad. Esto inaugura un tiempo de creciente elaboración cognitiva, imaginación e intenso placer a la hora de relacionarse. Hasta los 6 años, el niño necesitará desarrollar una mayor regulación de sus emociones para ingresar en la fase escolar.

Recordemos que en la etapa anterior (de 0 a 3 años), los pequeños no lograban memorizar la mayoría de orientaciones de sus cuidadores. En aquel momento, el “no hagas” y el “no toques ahí” necesitaban ser repetidos varias veces, pues el límite siempre era externo. Ahora, en esta etapa, el límite pasa a estar cada vez más interiorizado, lo cual consolida ciertas medidas de autorregulación de la impulsividad y de la reactividad de su temperamento.

En esta etapa, el niño y la niña sienten una fuerte curiosidad. Esto les permite desarrollar una potente virtud, como es la iniciativa. Los límites de esta etapa deben estar enfocados a su protección y orientación sin coartar o castrar su potente  iniciativa y curiosidad.

Iniciativa contra culpa

Si el niño es excesivamente restringido o frustrado en sus juegos, actividades e iniciativas durante esta etapa, se sentirá  culpable y se volverá temeroso e incapaz de tomar la iniciativa. De esta manera, se estará tornando dependiente de sus padres y no desarrollará su imaginación y creatividad a través de las fantasías normales que tienen los niños de esta edad (Teoría del desarrollo de la personalidad, Erik Erikson).

Un niño reprimido y culpabilizado no solo tiene miedo a que lo descubran, sino que escucha la voz interna del autocastigo a veces de modo exagerado.

Los padres deben seguir ofreciendo límites y normas claras al niño preescolar, pero sin culpabilizarlo por sus acciones y fomentando su iniciativa.

¿Cómo acoger su frustración?

Un límite supone para el niño una frustración. En esta etapa, el peque se muestra más tolerante o flexible ante esa frustración, pero pese a ello, lo que el niño sentirá será rabia o enfado.

Nuestros pequeños tienen derecho a experimentar ira. La ira es la emoción natural de la frustración. Deben tener, pues, espacio para expresarla y liberarla sin que sus padres les dejen de querer por ello y sin que les dejen de poner normas.

El sentimiento de identidad se construye asimilando los límites existentes entre uno mismo y el entorno, al experimentar la frustración.

Así pues, acoge su emoción, es decir, pon nombre a su sentimiento de frustración, afírmalo. Con ello le estarás enseñando a identificar su enfado, a expresarlo y, por tanto, a que aprenda a autorregularse. 

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Escrito por:

Cristina Garcia
Cristina Garcia

Pedagoga, Terapeuta infantil, Orientadora familiar, fundadora de Edúkame

Web: Edúkame Perfil G+: ver

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