Nutrición
Consulta:no come, le da asco y tira la comida
Gabriela consulta:
Mi hijo tiene 18 meses. Desde que cumplió los 15 he tratado activamente de introducir los sólidos en su dieta. Come muy bien pan, galletas, plátano, patatas fritas, ha comido una pera entera, le gusta roer zanahoria cruda y poco más. Cuando le pongo un plato con jamon york, queso, guisantes, lentejas, pasta cocida … los toca con mucha precaución pone cara de asco y lo tira. No hay forma ni manera de que se lo lleve a la boca. Le da grima todo lo que tiene una consistencia blanda (aunque el plátano la tiene…). Lo dejado jugar con la comida para ver si terminaba probándola, pero en casi 3 meses sólo juega con el tenedor y nunca la lleva a la boca. No sé cómo hacer para que coma sin que cree rechazo por la comida.
La relación que el niño pequeño establece con la comida está directamente relacionada con su carácter y con cómo lo vive emocionalmente la madre.
Por ejemplo, si al peque le cuestan los cambios, investigar cosas nuevas, se muestra algo miedoso ante experiencias desconocidas, etc. Tambíén se mostrará receloso a probar nuevas texturas, sabores y necesitará más tiempo y, sobre todo, más motivación paulatina y positiva.
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Omega 6: importante aliado para la piel y la actividad hormonal
Al llegar el verano una forma de preparar nuestra piel para soportar la agresión solar y la acción del cloro de duchas y piscinas es nutrirla “desde dentro” tomando ácidos grasos y antioxidantes.
Los ácidos grasos omega 6 son grasas poliinsaturadas muy beneficiosas para nuestra salud y que hemos de obtener a través de la alimentación ya que nuestro organismo no puede sintetizarlos. Destacan el ácido linoleico y el gamma-linolénico presentes en la mayoría de frutos secos, especialmente en las nueces, y en los aceites vegetales de girasol, borraja y onagra.
Una deficiencia de omega 6 puede provocarnos:
• sequedad en la piel, eczemas y mala cicatrización.
• trastornos de tipo inflamatorio
• un sistema inmunitario deficiente con mayor riesgo de alergias
• problemas cardio-circulatorios
• desequilibrios y bajos niveles hormonales causa del llamado síndrome premenstrual en las mujeres y de una reproducción deficiente.
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Omega 3: una gran ayuda para el aprendizaje escolar
Nuestro cerebro está formado por un 60 % de grasa y ésta se compone mayoritariamente de los ácidos grasos omega 3: EPA y DHA. Además de una función estructural los omega 3 tienen un papel importante en la comunicación celular y en el rendimiento mental.
Numerosos estudios relacionan su déficit con una memoria debilitada, bajo rendimiento intelectual y escolar, cambios bruscos de estado de ánimo, dificultad de concentración y aprendizaje e hiperactividad (TDAH).
Otros estudios defienden que por su poder antiinflamatorio son capaces de inhibir la respuesta inmunitaria de anticuerpos IgE. Por lo que un aporte suficiente a través de la leche materna previene y disminuye en los niños la aparición de trastornos alérgicos tanto alimentarios como cutáneos y respiratorios.
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El polen: un alimento rico en proteína y vitaminas
¿Queréis complementar la alimentación de vuestros hijos con un alimento natural y ecológico, fácil de tomar y económico?
Entonces hablemos del polen,un alimento que las abejas recogen de las flores, aglutinan en forma de pelotitas y transportan a la colmena con sus patitas, donde se convertirá en su alimento diario esencialmente proteico y vitamínico (la miel les proporcionará la energía). Estas bolitas son de diferentes tamaños y colores puesto que el polen de cada flor es distinto tanto en color como en sabor. Los apicultores lo recogen mediante el uso de trampillas que estrechan el paso por lo que cuando entran en la colmena se les caen a un cajón inferior. Luego se seca con aire caliente y se envasa al vacío para que se mantenga fresco hasta su consumo. Una vez abierto su envase es preferible conservarlo en la nevera.
¿Para qué sirve el polen?
• Como suplemento de la alimentación y en estados de carencia de vitaminas y proteínas.
• Es un rápido y poderoso regulador del tránsito intestinal por lo que ejerce a la vez un efecto laxante y antidiarreico. Aquí las mamás preocupadas por las cacas de vuestros peques tenéis otro gran producto natural a tener en cuenta.
• Abre el apetito y favorece el crecimiento y desarrollo en la infancia
• Aumenta los glóbulos rojos por lo que está indicadísimo en las anemias.
• Es un estimulante energético, muy útil en estados de cansancio, apatía y para acelerar la recuperación y acortar los periodos de convalecencia tras una enfermedad o cirugía.
• Aumenta la resistencia frente a resfriados, gripes, bronquitis…
¿Cómo tomarlo?
A los niños suele gustarles comerlo masticando directamente las diferentes bolitas multicolores que recuerdan los anisetes. La forma más fácil es dejar en reposo durante unos cinco minutos una cuchara colmada en un zumo de naranja. Remover y beber. No es totalmente soluble pero no hay que desechar su poso.
¿Cuándo?
El momento del día ideal para tomarlo es en el desayuno. Si fuese necesario, se puede repetir tomar otra cucharadita de polen durante la merienda (o a media tarde).
¿Qué cantidad?
Una cucharita de postre colmada en el desayuno es el aporte diario recomendado para niños de 2 a 8 años. Para niños más mayores o adultos la cuchara será sopera.
¿Qué nos proporciona?
Proteínas de alto valor nutritivo, enzimas digestivas, vitaminas: complejo B y provitamina A, carotenos, minerales y ácidos grasos.
¿Si tengo alergia al polen puedo tomarlo?
En realidad la rinitis o asma aparecen como alergia ante el polen inhalado, no al ingerido, por lo que comerlo no sólo no suele dar problemas sino que muchas veces actúa como una especie de vacuna mejorando y espaciando las crisis. Eso sí, en estas personas deberemos extremar las precauciones ante una posible alergia alimentaría combinada, por lo que comenzaremos con la toma de unas pocas bolitas al día e iremos aumentando la cantidad paulatina y progresivamente hasta llegar al cabo de unas semanas a la dosis diaria arriba indicada.
Ya sabes, si deseas más información sobre el polen visita www.mielar.com
Mi hijo es celíaco ¿Qué puede comer?
La celiaquía no es una alergia ni una enfermedad, es una intolerancia al gluten, proteína contenida en la mayoría de cereales, que causa inflamación del intestino delgado y un aplastamiento de sus vellosidades responsables de la absorción de los alimentos.
Su origen es genético y hereditario. Suele manifestarse ya en la primera infancia aunque puede pasar “desapercibida” incluso hasta llegar a adultos. Sus signos mas frecuentes son diarreas, vómitos, hinchazón abdominal y pérdida de peso pudiendo llegar a desembocar en una posible desnutrición.
Los cereales prohibidos son: trigo, cebada, centeno y avena.
Hay otros cereales sin gluten que pueden hacer mas fácil una dieta infantil variada y correcta, con la incorporación de alimentos “fuente de energía” ricos en hidratos de carbono. Se cocinan de forma similar al arroz con cualquier caldo vegetal, de pescado de carne o con pastillas de caldos concentrados, combinan con todo tipo de verduras y contienen vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales. Sus harinas son materia prima de papillas, pastas, pan y bollería aptas para celíacos, que incluso por su sabor pueden utilizarse en la cocina habitual de los no celíacos pasando totalmente inapreciado su diferente origen.
Estos cereales son: arroz, maíz, mandioca. Y los menos conocidos: mijo rico en magnesio, hierro y vitamina B, gran alimento para el cabello y las uñas. Para cocinarlo usa 4 volúmenes de agua por cada volumen de mijo hirviendo unos 45 minutos. Y quinoa falso cereal ya que proviene de la familia de las espinacas, muy rico en proteínas, minerales y aminoácidos. Lo cocinas usando 2 volumenes y ½ de agua por cada volumen de quinoa hirviendo 10 minutos.
No confundir los cereales con tubérculos y rizomas como zanahoria, patata, yuca, boniato. Con frutos secos, castañas, algarrobas, bellotas. Ni con semillas como las de lino, sésamo, pipas de girasol y calabaza. Todos ellos sin gluten
Consulta: mi bebé rechaza la fruta
Vanesa consulta:
Hola tengo una bebé de cinco meses y me gustaría que me echarais una mano. Mi pequeña empezó a comer la fruta a los cuatro meses y se la comía muy bien pero cayó malita y ya no la quiere. Antes se la hacía yo pero ya no quiere ninguna, ni la que yo le hago ni los potitos de frutas. He probado de todas las marcas y no hay nada que hacer ¿Me podríais ayudar? Muchas gracias.
Vanesa, la mejor manera de ayudar a tu peque es motivarla sin forzarla. Puede que este supuesto rechazo a la fruta sea pasajero, pero si tú le insistes demasiado, la fuerzas o te enfadas con ella por este hecho puede que lo que consigas sea aún más rechazo.
Como madre sabes que tu peque necesita comer fruta, necesita de sus vitaminas por lo que le vas a ir mostrando a tu peque lo bueno que es comerla. Quiero decir, potencia desde lo positivo, desde lo agradable la importancia de la fruta. Aprovecha cualquier momento cotidiano para que tu peque se contagie de tu motivación y de tus mensajes positivos (verbales y no verbales):
1) Huele una naranja y compártelo con tu bebé, pélala y haz un adorno con su piel mientras te vas comiendo sus gajos. Mientras comes vas diciendo en voz alta “que buena que está, como me gusta, que fuerte me voy a poner, etc”.
2) Que mamá y papá coman fruta delante de ella y de forma natural (sin exagerar) hablen de su buen gusto, su olor, de cómo la están disfrutando, “- Está buenísimo este plátano ¿Quieres probarlo papá?, – Sí claro, y tu prueba esta pera que está muy dulce. – Y tu (al peque) quieres también probar este plátano (y le animas a que por lo menos lo chupe)”. Si no quiere, lo aceptas y sigues hablando con papá de lo sano que es comer fruta.
3) Tal vez puede ser un buen momento para dejar de darle la fruta triturada y empezar a presentarle la fruta blanda a pequeños trozos y que la coja ella con las manos. La presentación y textura diferente pueden ser una buena motivación.
Poco a poco tu hija se irá impregnando de esta “buen rollo” con respecto a la fruta y al no forzarla seguro que en algún momento decidirá probarla. Ten paciencia y no la obligues. No es nada grave que esté dos meses (tal vez menos o tal vez más, sin comer fruta!)



