Los besos lo curan todo
Un golpe, una picada, una rascada, un culazo, un arañazo se alivian con un beso sincero y amoroso.
El niño llora señalándote la zona donde le duele para que le ayudes a pasar ese mal rato. Coges la parte dolorida con tus manos y con ternura la besas mientras le puedes decir pupita sana si no te curas hoy te curarás mañana (o lo que tú sepas).
Evita las reprimendas del estilo: ya te he avisado, si me hubieras hecho caso. El niño ya se ha dado cuenta lo acaba de vivir en sus propias carnes, tal vez más tarde y con serenidad se puede hablar del tema.
Tu amor, tu contacto le consuela mucho. Si además de tus besos le animas a que él mismo también se dé besitos donde le duele, le estás enseñando a cuidarse de él mismo y a quererse. “Mamá o papá no siempre van a estar para consolarme, yo también me puedo curar y mimar”.
El amor hacia nosotros mismos es vital para nuestro bienestar y para poder querer a los demás de verdad.
Si te apetece consolar así a tu peque, alumno, nieto, amigo, sobrino (de cualquier edad) debe ser sincero, que te salga del corazón.
Si lo haces como un puro trámite, si le besas y dices la cantarilla rápido para que deje de llorar le llegará así de falso y su alma no se calmará. A los niños no se les puede engañar pues sienten por todos los poros de su piel la ternura y la sinceridad.
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