Rabietas en sitios públicos, difíciles de manejar

Cómo actuar cuando un niño tiene una rabieta en un lugar público

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Una madre que suele acudir a una de las  Escuelas de padres y madres,  me escribió como había vivido una rabieta de su hija en un sitio público:

- Ayer tuvimos mi primera rabieta en un lugar público, en el vestuario de la piscina, lleno de gente, ¡qué horror! El motivo fue que se quería poner el gorro de la piscina sola y yo le ayudé, entonces se enfadó.

Yo calmada intenté sacarla de la frustración, pero era imposible. Se puso como un demonio, los mocos le colgaban como un trol, la cara roja, chillando…. bueno, bueno, ¡un auténtico chou! Al final se calmó y entramos a la piscina. Nos bañamos las dos juntitas, aunque media hora más tarde.

Lo pasé mal, pero no por la rabieta en si, sino porque todo el mundo me miraba y una señora mayor encima se atrevió a decirme: “Si se pone así ahora, ya verás con 15 años…”, en fin, que me he dado cuenta que el comentario me ha afectado. Claro, esta mujer de la vieja usanza vio que ni le chillé, ni le pegué, sino que le decía cariñosamente: “cariño cuando se te pase el enfado puedes venir donde mamá, que te abrazará y nos iremos a bañar…. Cariño, entiendo que te quieras poner el gorro de la piscina sola…”

(En Edúkame, hemos diseñado una caja específicamente para solucionar las rabietas con niños, Edukabox "Tengo rabietas".)

Qué siento ante las miradas de los demás

Un comentario como el de esta señora mayor puede hacernos sentir vergüenza incluso es probable que  nos sintamos forzadas a demostrar que no somos tan malas madres como nos hacen creer. Las miradas de los demás nos pueden hacer actuar con una dureza que seguramente nos hagan sentir culpables después.

Me veo en la obligación de afirmar en favor de los niños, que el hecho de que vivan una frustración con dos años no quiere decir que vayan a tener ese mismo comportamiento con quince años porque si algo haremos hasta esa fecha será dotarles de herramientas y habilidades de todo tipo que les permita precisamente salir de sus frustraciones de forma autónoma, pero mientras no sepan tendremos que estar para ayudarles no para juzgar sus conductas.

Pensamientos que debo tener ante una rabieta

  • Mi hijo de dos años no se está portando mal, está en medio de una rabieta y yo debo ayudarle a salir de ella
  • Mi hija de tres años no me está avergonzando por no obedecerme a la primera, le voy a enseñar que sus actos tienen consecuencias
  • Los niños tienen baja tolerancia a la frustración, voy a aprovechar este momento para enseñarle a mi hijo a canalizar esa frustración

Validación de sentimientos como respuesta

Cuando la madre del caso que os he narrado le dice a su hija en medio de una situación tan estresante como la que nos describe “cariño cuando se te pase el enfado puedes venir donde mamá, que te abrazará y nos iremos a bañar…. Cariño, entiendo que te quieras poner el gorro de la piscina sola” está demostrando tener un gran control emocional que le permite separar en ese momento lo que su hija le hace sentir (vergüenza, frustración, himpotencia,nerviosismo, etc.) de lo que su hija necesita realmente.

Saber estar por encima de los comentarios llenos de juicio que otras personas difunden sobre nosotros en momentos de tensión y también sobre lo que ciertas conductas nos hacen sentir, nos permite educar más allá de un buen comportamiento.

No se trata solo de tener hijos bien educados cuyo comportamiento esté bien visto a los ojos de la sociedad sino saber llegar más lejos, educar las emociones de tal forma que los niños sepan salir por si solos de sus propias frustraciones, consiguiendo así un buen control emocional que deriva en una autoestima sana y equilibrada a lo largo de su vida.

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Escrito por:

Leticia Garcés
Leticia Garcés

Pedagoga. Orientadora y formadora familiar

Web: www.padresformados.es Perfil G+: ver

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