La silla de pensar, ¿en qué ayuda? | Edúkame

La silla de pensar, ¿en qué ayuda?

La silla de pensar retira el afecto al niño y no enseña cómo corregir la mala conducta

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Cada vez es más frecuente utilizar la silla de pensar como un método disciplinario en las aulas de infantil o en los hogares con el fin de hacer pensar a los niños sobre la conducta inadecuada que acaban de tener.

Pese a lo positivo de esta técnica, corremos el riesgo de que se convierta en un castigo que lejos de enseñar el comportamiento que hay que modificar o de ayudar a pensar sobre lo ocurrido, el adulto dirigido por la cólera que le ha producido la conducta del niño, le envía a la silla de pensar retirándole su afecto por conductas como  pegar a un amigo, romper algo, moverse mucho, enfadarse sin motivo aparente, etc.

Podemos usar frases como ¡Vete a la silla de pensar porque te has portado mal!, ¡Vete a la silla  y cuando te hayas calmado hablamos! o ¡Siéntate un rato y luego hablamos sobre lo que ha pasado!

Aparentemente parece correcto el uso que le damos a este método, pero si usamos la silla de pensar como un espacio (tiempo fuera o aislamiento puntual) donde tiene que ir el niño cada vez que hace algo inadecuado, es probable que no sea muy efectivo si no ayuda a reflexionar sobre las emociones que han dirigido su conducta o los pensamientos que han dominado sus decisiones.

¿Qué enseñamos con la silla de pensar?

Lo primero que nos tenemos que preguntar es si enviando al niño a la silla de pensar le damos la posibilidad de sentirse mejor y de comportarse de forma adecuada o simplemente queremos controlar su conducta porque nos resulta desagradable.

Si el objetivo que buscamos es que los niños comprendan qué comportamiento es el adecuado y ayudarles a corregir el incorrecto, tendremos que ayudarle a serenarse hasta que pueda pensar con claridad y actuar de forma reflexiva en lugar de hacerle pagar por el mal causado.

Alternativa a la silla de pensar: El rincón de las emociones

Consiste en crear un espacio en el aula o en una zona de la casa donde el niño tenga la oportunidad de explorar racionalmente las consecuencias de sus elecciones o actos con la compañía de un adulto que le ayude a aprender de sus errores ya que nos brindan maravillosas oportunidades de crecimiento personal.

Todos necesitamos un tiempo para ser conscientes de los sentimientos que nos dominan y poder hacer algo agradable que nos pueda ayudar a serenarnos y a decidir como hay que actuar la próxima vez.

Si un niño ha pegado a un amigo no basta con decirte no hay que pegar o estás castigado por pegarle, si queremos que la próxima vez ante una frustración el niño tenga autocontrol de sus propias emociones le tendremos que ofrecer herramientas que le ayuden saber qué hacer cuando sienta el impulso de pegarle otra vez.

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Escrito por:

Leticia Garcés
Leticia Garcés

Pedagoga. Orientadora y formadora familiar

Web: www.padresformados.es Perfil G+: ver

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