El amigo imaginario durante la infancia

Un recurso de expresión emocional

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Es un objeto, un peluche, un juguete o un ente invisible que pasa a tener vida. Suele ser en torno a los 2 o 3 años, cuando muchos padres se alarman ante la aparición de este nuevo compañero de juegos. Pero, en realidad, es totalmente normal y se atribuye a la etapa del pensamiento mágico de los niños, basado en la imaginación y las emociones.

El niño es consciente del mundo real, pero su amigo imaginario ocupa en él un espacio: en la cama, en la mesa, en el coche, en el parque o la bañera. Tiene personalidad propia, nombre propio y rasgos definidos, conversan, juegan e, incluso, pelean. Muchas veces cubre una carencia afectiva o explica comportamientos que no son deseables en los ámbitos de la familia o la escuela.

Suele ser más común en niños que viven sólo con adultos, como los hijos únicos, o niños que pasan más tiempo delante de la televisión. Algunos estudios también apuntan a niños sensibles con mucha fantasía. Otros estudios relacionan esto con el desarrollo de mejores habilidades comunicativas y de aptitudes artísticas en la edad adulta.

Lo que hay que saber y hacer

El niño se encuentra en la etapa del desarrollo psicosocial, donde comienza a expresar sus sentimientos y emociones, pero también a descubrir sus carencias. Tiene la necesidad de ser escuchado y acompañado.

Debemos observar el comportamiento del niño procurando no intervenir. El niño habla de su amigo sin restricciones y nuestro comportamiento debe ser natural. Debemos aprovechar esta oportunidad para escuchar como se expresa y lo que expresa, para así conocerle mejor.

Hay que tener en cuenta que el niño está sano, no tiene ningún problema y que su comportamiento es normal. En el fondo sabe que es producto de su imaginación. Es necesario controlar el tiempo que pasa con su amigo y ejercitarle a entrar y salir de la fantasía. No ridiculizar ni llamar al niño mentiroso. Nunca regañarle ni reprimirle, pero tampoco alentarle.

Procurar actividades y juegos con otros niños que permitan su desarrollo psicosocial. Aunque no se olvide de su amigo imaginario, podrá dejarlo aparcado un rato para jugar con otros niños como él.

¿Cuándo preocuparnos?

Lo más importante es la observación, ya que el niño puede expresar alguna dificultad por la que está atravesando. Sólo en los siguientes casos habría que pedir consejo a un especialista, porque puede ser un indicador de otro problema:

  • Cuando el niño no se encuentra cómodo en actividades con otros niños y prefiere la compañía de su amigo imaginario.
  • Cuando su carácter cambia y adopta la personalidad agresiva de su amigo imaginario.
  • Cuando prefiere a su amigo imaginario antes que realizar las actividades cotidianas.

Por lo demás, no cabe preocupación. Es una oportunidad que tienen los niños para expresarse, crear, experimentar con la empatía y gestionar situaciones. Es beneficioso para su desarrollo cognitivo, ya que ayuda a descentrarse y a comprender la perspectiva del otro, a autorregular su comportamiento.

La presencia de su amigo le refuerza, le ayuda a afrontar sus miedos, superar dificultades y momentos de soledad, ganando autoconfianza y autoestima. También ayuda a desarrollar su creatividad y un vocabulario más rico.

Luego, alrededor de los 7 u 8 años, coincidiendo con la etapa de la escolarización y socialización continuada con sus iguales, el amigo imaginario desaparece de la misma forma que un día apareció, muchas veces dejándonos un divertido y grato recuerdo.

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Escrito por:

Lorena Eyama
Lorena Eyama

Pedagoga, asesora en TIC para la educación

Web: Directora de ArtEducalia Perfil G+: ver

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