Consulta: paso vergüenza porque mi hijo no saluda ni besa a las visitas
Gisela expone:
Mi hijo de 4 años no quiere saludar a nadie que visita nuestra casa o cuando vamos a ver a alguien, ni siquiera dice hola. Además paso vergüenza ya que cuando alguien le habla no contesta o si lo tocan tampoco se deja. Él no siempre es así, con las personas que quiere conversa pero no es muy cariñoso. ¿Qué actitud debo tomar?
Gisela, lo mejor para tu hijo sería que tomaras una actitud de respeto hacia su decisión de no besar ni saludar. En esta etapa él quiere decidir a quien besa y a quien no, y seguramente lo hará en función de su estado de ánimo en ese día: si se siente seguro, comunicativo o si está receptivo ese día tal vez desee saludar a las visitas. Si otro día no se siente con deseos de conocer, si se siente inseguro o si se siente forzado, seguramente muestre su rechazo.
Lo que pasa es que tú interpretas su conducta de “vergonzosa”. Dices que su conducta te hace pasar vergüenza porque no responde cuando le hablan ni se deja tocar. ¿Qué es lo que te da vergüenza? Que los demás piensen que tu hijo es un maleducado o que piensen que no le estás educando bien.
Crees que es mejor forzar a tu hijo a ser siempre correcto con los demás que respetar su estado interior, su auténtica manera de ser. La verdad es que a muchos de nosotros nos han enseñado que siempre hemos de ser amables, correctos, formales con los demás, con los familiares y con las visitas y, sobre todo, responder cuando se nos habla. Y lo llevamos a cabo, porque así nos enseñaron nuestros padres pero el precio de este patrón conductual es que le estamos dando más importancia al “quedar bien con los demás” que a atender nuestro estado interior, atender a cómo somos realmente, a nuestro mundo emocional.
Tu hijo no hace nada malo, ni es un maleducado, ni es un grosero. Si tú respetas esta actitud y lo haces con naturalidad, podrás ir apreciando la manera de ser tu hijo y ofreciéndole la seguridad que necesita para esta edad. Si él no quiere ser tocado, lo está claramente expresando con su rechazo, pues mejor respetarlo con naturalidad. Ante su negativa a saludar, puedes decir “bueno, tal vez más tarde quieras saludar”, y pasas a otro tema. Si tu hijo no quiere hablar con los invitados, no dejes que esto pase a ser el tema central de la conversación. Con decir “bueno, cuando él quiera ya saludará” y pasas a hablar de otro tema es suficiente para respetar y hacer que lo demás respeten a tu hijo. Lo puedes hacer con la total firmeza que con esta actitud estás ayudando a tu hijo a ser como él quiere ser, y no como los demás les gustaría que fuese (¡un niño modelo a todas horas!).
Acepta, respeta, ama a tu hijo por como es y no por cómo te gustaría a ti que fuera. Es un aprendizaje que te recomiendo de todo corazón.
Consulta: mi hijo en la calle me pide que lo coja en brazos
Marta pregunta:
Mi hija tiene 2 años y 8 meses. Aprendió a andar con 14 meses. Está muy ágil y corre y salta sin problema. Hace 4 meses que apenas uso la silla. Sin embargo siempre que salimos a la calle juntas, me pide que la coja y si no lo hago se tira por el suelo y llora desconsoladamente. Con los abuelos o con amigos aunque también les pide que la cojan no se pone así, aunque también insiste en que no quiere andar. ¿Qué debemos hacer?
Cuando un niño pequeño se niega a caminar y llora para que se le lleve en brazos hoy en día se sigue interpretando como una de las más grandes muestras de indisciplina y negativismo: pensamos que es perfectamente capaz de andar él sólo, y por tanto, su demanda se trata de un capricho.
Las madres/padres que deciden cogerlos en brazos piensan que son unas blandas, que el peque les está tomando el pelo o que les está manipulando. Y los que no lo cogen y lo obligan a caminar suelen poner el acento en demostrar al peque quien manda y creen que con ello están marcando los límites al no atender a sus demandas.
Pero si ponemos la mirada en el niño y niña que aún no llega a los tres años hay una realidad con la que no contamos y no respetamos: la evolución de su desarrollo motor.
Queremos que los niños crezcan rápido y consigan habilidades antes de lo que su madurez permite. Tú comentas “tiene casi tres años es ágil y corre sin problemas”. Imagino que será así en la escuela, en casa, en los parques, cuando camina a su ritmo o a tu lado en muy pequeños recorridos.
Así que interpretas, si corre en el parque también puede caminar por la calle a mi lado. Pero no es lo mismo pues seguir el ritmo de mamá o de cualquier adulto durante más de cinco minutos le supone un esfuerzo que va muy ligado a su madurez.
A tu hija aún le es difícil caminar sin cansarse cogida de tu mano, seguir tu ritmo. Tal vez algunos días se puede mostrar más “caminadora” y no te pida brazos pero será porque ese día, en ese momento esté especialmente motivada o alegre. Pero lo normal es que aún le cueste un esfuerzo y así te lo demuestra pidiéndote brazos.
No es gandulería, no es capricho, no te está tomando el pelo, es simplemente que aún no está totalmente madura para ello.
Los niños a estas edades son pequeños pero a la vez son muy perceptivos. Tu hija te pide llorando y exigiendo que tú la lleves en brazos, y en cambio, se muestra menos demandante con los abuelos porque percibe que sus abuelitos no tienen ya la fuerza ni agilidad para llevarlos. Y en el caso de los amigos, porque no los conoce tanto y no sabe si podrán con ella o no.
Este hecho se suele interpretar (por lo abuelos o amigos) como “ves a ti te toma el pelo y a mi no”. Pero el mérito es más bien de la niña que está haciendo un gran esfuerzo por caminar (pues aún le resulta difícil) y deja de insistir al abuelo porque le gusta hacer el bien siempre que puede y porque tiene conciencia moral.
Tu hija al igual que aprendió a caminar solita, también aprenderá a ir de la mano sin pedir brazos y sin llorar, pero ten en cuenta que este aprendizaje también depende de su madurez. Seguramente lo consiga a partir de sus tres años y llegando a los cuatro. A partir de los cuatro años son pocos los niños que usan el cochecito (o lo usan en momentos puntuales para largos recorridos o cuando hay prisa) y a los cinco o seis ya casi ninguno!
No aparques aún la silla de paseo. Usarla de nuevo en aquellos recorridos que consideres os permitirá a ambas disfrutar más de los paseos por la calle sin que ello se convierta en una lucha interior por parte de ambas.
Consulta: mi hijo no me besa porque le regaño
Marli consulta:
Hola. Tengo un bebé de 23 meses y desde hace unos días el ya no me regala besos. Le pido besos y me dice que no. En cambio a su padre y a su hermano está siempre dándoles besos ¿Será que no soy tan buena madre? Será que mi bebé no me quiere porque le regaño, le grito. Tengo mucho miedo de que mi hijo crezca con alguna carencia afectiva de mi parte. Gracias
Marli, tu hijo está a punto de hacer los dos años, y por tanto, ya no es un “bebé” como tú lo llamas. Es un niño que está creciendo y entrando en una etapa diferente: la de empezar mostrar otras conductas menos obedientes, manejables, dulces, respetuosas, simpáticas, alegres.
Ahora no te quiere regalar besos porque ahora no quiere estar siempre contento y predispuesto a todo lo que tú le propones. Con su negativa, simplemente está probando y experimentando qué pasa a su alrededor. Quiere experimentar qué te pasa a ti cuando él muestra su genio o su faceta negativa (y seguro que también lo hará con su padre y hermano en otros momentos). Y de vuestra respuesta él irá aprendiendo.
Si tú interpretas esta negativa a besarte como “mi hijo me rechaza porque soy mala madre” le estás dando un peso a su conducta que no corresponde. El rechazo y la culpabiliad tienen que ver contigo, él simplemente está creciendo y probando cosas diferentes.
Una madre (al igual que un padre) debe ofrecer su tiempo y amor. Y este amor se muestra con caricias, mimos, y también con, regañar, desaprobar, corregir, sermonear.
Cuando tú le das un mimo a tu hijo él se muestra alegre y predispuesto. Y cuando le regañas o prohíbes algo él se muestra contrariado y enfadado. Ambas reacciones son muy normales y dignas de ser aceptadas sin juzgarlas.
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Consulta:no sé cómo educar a mis mellizas desde que su padre ha muerto
Elisa comenta:
Tengo mellizas de 2 años y medio. Su padre ha muerto hace 8 meses de un cáncer y me preocupa que la ausencia de su padre las pueda traumatizar. Están muy apegadas a mí incluso antes de la muerte de su padre. Se pegan a mí como dos lapas siempre, incluso cuando estamos las tres solas en casa. Para mi es agotador. Lo cierto es que de vez en cuando se las dejo a mi familia un fin de semana para poder descansar y recargar pilas, aunque el sentimiento de culpa no me deja disfrutar de ese descanso y por supuesto ellas se quedan llorando. ¿Hago mal en forzarlas a estar sin mi uno o dos días? ¿Cómo puedo educar a mis hijas a entender que de vez en cuando pueden estar con la familia sin que mamá esté? Estoy bastante agobiada porque al duelo que aún estoy pasando con mi marido se le suma la preocupación por mis hijas.
Elisa, haces muy bien en pedir ayuda y que durante unos días tu familia cuide de tus hijas para que tú puedas cuidar un poco de ti misma. Cuidar una sola de dos niñas tan pequeñas es agotador, y ciertamente, si no buscas estos espacios de “recargar pilas” irás acumulando cansancio, agobio, estrés, malhumor y será muy perjudicial para las tres. Aunque tus peques te echen de menos, lo mejor para las tres es que mami disfrute de un espacio de intimidad, recuperación y descanso.
Cambia culpabilidad por responsabilidad
Eso sí, si en este bien merecido descanso te invade la culpabilidad, no estarás recargando las pilas como necesitas y te mereces. Para poder cubrir las necesidades de tus hijas, el acento principal lo tienes que poner en ti misma. Si tú no estás bien, tus hijas tampoco.
Así que cambia culpabilidad por responsabilidad: eres la responsable de su bienestar físico y emocional y para poder ofrecérselo, necesitas nutrirte de este pequeñísimo “desconectar” de la continua demanda que supone criar a mellizas pequeñas. Sabes que si no desconectas no podrás cumplir con tu responsabilidad.
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Consulta: mi bebé rechaza la fruta
Vanesa consulta:
Hola tengo una bebé de cinco meses y me gustaría que me echarais una mano. Mi pequeña empezó a comer la fruta a los cuatro meses y se la comía muy bien pero cayó malita y ya no la quiere. Antes se la hacía yo pero ya no quiere ninguna, ni la que yo le hago ni los potitos de frutas. He probado de todas las marcas y no hay nada que hacer ¿Me podríais ayudar? Muchas gracias.
Vanesa, la mejor manera de ayudar a tu peque es motivarla sin forzarla. Puede que este supuesto rechazo a la fruta sea pasajero, pero si tú le insistes demasiado, la fuerzas o te enfadas con ella por este hecho puede que lo que consigas sea aún más rechazo.
Como madre sabes que tu peque necesita comer fruta, necesita de sus vitaminas por lo que le vas a ir mostrando a tu peque lo bueno que es comerla. Quiero decir, potencia desde lo positivo, desde lo agradable la importancia de la fruta. Aprovecha cualquier momento cotidiano para que tu peque se contagie de tu motivación y de tus mensajes positivos (verbales y no verbales):
1) Huele una naranja y compártelo con tu bebé, pélala y haz un adorno con su piel mientras te vas comiendo sus gajos. Mientras comes vas diciendo en voz alta “que buena que está, como me gusta, que fuerte me voy a poner, etc”.
2) Que mamá y papá coman fruta delante de ella y de forma natural (sin exagerar) hablen de su buen gusto, su olor, de cómo la están disfrutando, “- Está buenísimo este plátano ¿Quieres probarlo papá?, – Sí claro, y tu prueba esta pera que está muy dulce. – Y tu (al peque) quieres también probar este plátano (y le animas a que por lo menos lo chupe)”. Si no quiere, lo aceptas y sigues hablando con papá de lo sano que es comer fruta.
3) Tal vez puede ser un buen momento para dejar de darle la fruta triturada y empezar a presentarle la fruta blanda a pequeños trozos y que la coja ella con las manos. La presentación y textura diferente pueden ser una buena motivación.
Poco a poco tu hija se irá impregnando de esta “buen rollo” con respecto a la fruta y al no forzarla seguro que en algún momento decidirá probarla. Ten paciencia y no la obligues. No es nada grave que esté dos meses (tal vez menos o tal vez más, sin comer fruta!)
Consulta:cuando su padre me acarica mi hijo lo rechaza
Antonella expone:
Estoy un poco preocupada porque mi hijo de 22 meses rechaza las caricias que me da su padre y a veces lo rechaza a él también cuando se le acerca. No sé cómo reaccionar cuando esto sucede. ¿Lo regaño? ¿Le invito a estar con su padre? Gracias.
Hola Antonella. Tu hijo está mostrando celos hacia su padre. Los hijos varones se “enamoran” (como explica la teoría del Complejo de Edipo) de la madre. En este proceso de enamoramiento que empieza desde la pequeña infancia, el niño varón quiere tener a la madre para él solo, y por tanto, papi se convierte en un supuesto rival.
Esta rivalidad con papá el niño la va mostrando de diferentes maneras: interponiéndose cuando papá besa, acaricia, atiende a mamá; mostrando enfado, rabia, mal humor sin motivo aparente con papá; llorando o mostrando un supuesto rechazo cuando es atendido sólo por su papá, reclamar a mamá constantemente y sólo querer estar con ella, etc.
¿Qué hacer? Entender que este proceso de “enamoramiento” forma parte de su crecimiento. Que TODO niño pasa por este proceso (y TODA niña también se enamora de su padre). Entenderlo como un proceso natural no significa que tengamos que seguir alimentando la conducta del niño (o niña), y por supuesto, no significa que tengamos que ceder ante sus deseos.
Cuando tu peque se enfade cuando su padre te acaricia o te atiende a ti no le prestéis mayor atención. Entiende que se siente frustrado por no poder tener a su mami para él solito. Si ante su conducta de enfado cortas el abrazo, el beso, la atención que te está dando tu esposo por atender a tu hijo, le estás dando a tu peque el poder de separaros cuando él lo desee. Y eso no le ayuda a crecer de forma sana. Debe ir entendiendo (con los años) que mamá le pertenece a papá y que la parcela de la pareja no es la suya.
Tras vuestro abrazo, podéis decirle al peque (mamá o papá): “¿qué te pasa? ¿estás enfadado? Antes no te podía atender pues estaba hablando (abrazando, mimando, besando) a mi marido. Ahora si quieres, sí puedo estar por ti”.
Tal vez el peque continúe estando enfado por un largo rato, mejor lo dejas, no te disculpes ni intentes se le pase el enfado de forma inmediata. Déjale su tiempo de estar con él mismo enfadado, así le estarás ayudando a que vaya asimilando la frustración de no haber podido hacer ni obtener lo que él deseaba. Esta frustración le es dolorosa Y también le ayuda a crecer de forma sana y equilibrada.
Cuando tu peque no quiere que papá se le acerque, no debéis interpretarlo como que lo está rechazando o que no quiere a su padre. ¡Ni mucho menos! Todos los hijos quieren a sus padres y madres. Simplemente, vuestro hijo está enfadado por todo lo que he ido explicando antes. Ante este enfado papá le puede decir “vale cariño ya veo que no quieres que te toque, que me acerque. Pues te tiro un cariñoso beso volador tengo muchas ganas de estar contigo, cuando se te pase el enfado podríamos jugar a …. “ Y le dejas estar por unos minutos sin atenderlo más. Déjalo que poco a poco se le vaya pasando y no le deis mayor importancia. Él no te está rechazando, simplemente está enfado.
La figura del padre es muy importante para el buen desarrollo de los hijos y de las hijas. En este sentido, mamá debe dejar en muchas ocasiones que el padre intervenga y haga las cosas a su manera (aunque el niño/a llore, se queje, se enfade, grite…). Que el niño se enfade o grite no es nada malo ni perjudicial para él, y menos cuando está siendo atendido amorosamente por su padre.
Antonella, ante tu pregunta de ¿le invito a estar con padre? Te respondo que invites al padre a estar con su peque, a que intervenga siempre que pueda y que tú respetes su manera de hacerlo y también la reacción del niño. No es bueno que intervengas siempre como un acto de salvar la queja, el llanto, el enfado de tu hijo. El exceso de atención, la sobreprotección materna dificulta en muchas ocasiones la relación con padre con sus hijos.


