Quiero ser una buena madre
Mi hijo de dos años y casi medio lleva una semana con frecuentes enfados y rabietas. Y me siento muy frustrada. No sé si le estoy acompañando bien, no sé si estoy siendo buena madre.
Esta mañana lloró más de 10 minutos tirado en el suelo de la cocina porque no accedí a darle una golosina antes de desayunar. No me preocupa lo de decirle que no, me siento tranquila poniéndole ese límite, lo tengo claro. Lo que no tengo claro es cómo acompañarle en los 10 minutos de lloros.
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Mi hijo desde que gatea me persigue a todas partes
Irene consulta:
Mi hijo tiene 13 meses y ha comenzado a gatear hacia delante hace unos días. Es un niño muy sociable y le puedo dejar con conocidos y no llora. Lo que me preocupa es que desde que gatea se pasa el día persiguiéndome a todas partes. Ahora mi trabajo es dedicarme a él, así que estamos siempre juntos. Desde que nació estoy atenta a sus necesidades ipso facto. ¿Por qué no se queda jugando sólo ni diez minutos? ¿Por qué necesita estar “pegado” a mí siempre que estoy con él? Puedo realizar tareas diferentes pero él necesita mi presencia. ¿Es normal aunque sepa que estoy en la habitación de al lado?
Irene la reacción de tu hijo es absolutamente normal. Tú eres su mejor referente de seguridad. Con tu presencia él se siente tranquilo y con ganas de practicar su nueva habilidad motriz. ¡Ya sabe desplazarse por sí mismo y esto es una hazaña muy importante para él! Pero también se siente inseguro, en algún momento temeroso de su movimiento, de si va muy rápido, de si se puede caer. Todos estos sentimientos los neutraliza buscando la seguridad que tú le ofreces.
Lo que tal vez a ti te parezca un exceso de dependencia pues está pegado a ti todo el día, en realidad para tu peque significa llenarse de seguridad, de confianza para tener ganas de explorar, de descubrir por él mismo. Esto a partir de los tres años se traduce en autonomía (¡ya no estará tan pegado a ti!) y en autoestima. Así que paciencia, pues la dedicación que precisan y demandan hasta los tres años de edad es mucha pues nos necesitan mucho para entender el mundo que les rodea.
Por lo tanto, que tu peque practique su nueva habilidad persiguiéndote en su mejor motivación. (El gateo ayuda a intercomunicarse los dos hemisferios cerebrales favoreciendo el futuro desarrollo global de tu hijo).
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Riño a mi hijo con gritos
Minerva explica:
Mi niña tiene 6 años y me dice que le doy miedo cuando la regaño por la forma en que le grito. Se tapa los oídos y me dice que no me quiere escuchar, llora mucho y cuando todo pasa se vuelve grosera. Mi hija es única y también la consentimos mucho. En el colegio va excelente con su primer año de primaria. Lo que más me preocupa es el daño psicológico que le ocasione en un futuro por mis gritos. Siento que mi esposo y yo estamos fallando en su educación. Gracias
Mi respuesta, estoy segura que tú ya la intuyes. Sabes que tratando así a tu hija no la estás ayudando a que conozca ni atienda a las normas y límites que tú le vas mostrando, ni a que ella aprenda conductas útiles para convivir en familia, en sociedad.
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Gritándole, la dañas emocionalmente pues la haces sentir humillada, infravalorada, menospreciada (por eso se tapa los odios, para no oírte pues le duele en el alma). Luego ella reacciona ante este daño con groserias, conductas rebeldes, incluso pueden ser hostiles. Además, seguramente en breve, volverá a hacer aquello por lo que le acabas de reñir. Y lo hará como una venganza por lo menospreciada que le has hecho sentir, y también porque no ha aprendido a hacerlo de otra forma. Mejor dicho no se lo estás enseñando.
Taller para madres, padres y educadoras en el CEIP del Pi
El pasado sábado 8 de mayo realizamos en el CEPI del Pi el segundo taller del proyecto lenguaje emocional entre adultos y niños: los límites en la resolución de conflictos
En esta ocasión el gimnasio del colegio fue el cómplice de las mamás y educadoras que se dieron la oportunidad de experimentar diferentes vivencias relacionadas con los propios límites, con la expresión de los diferentes sentimientos que genera vivir con estos límites, dar valor al reconocer lo que les nutre de amor, libertad, confort; experimentar diferentes vivencias en las que poner límites desde la autoridad y poner límites desde la confianza.
A lo largo de las cinco horas del taller (con una hora de pausa para comer), el grupo de madres y educadores fueron descubriendo, revalorizando, experimentando, evidenciando diferentes aspectos propios y personales de cada una de ellas que se ponen siempre en juego en la relación con los demás, sobre todo, con los niños. Vivir este recorrido en su propia persona y darse cuenta de lo que les genera, les acerca desde su propia experiencia a entender cómo se sienten los niños/hijos ante los límites y el conflicto.
Los niños viven con muchos límites, se encuentran con muchos “noes” (no grites, no saltes, ahora la pelota no…) por parte de los adultos y esto les genera una emoción que suelen expresar a través de rechazos, rabietas, llanto, golpes. Pero también se tienen que nutrir de espacios de libertad, espacios de “sies” (aquí sí se corre, salta, sí la pelota, ahora sí estoy para ti…), espacios de amor, contacto, relación, escucha con mamá o la educadora. Los niños necesitan vivir con límites porque les ayuda a crecer y madurar más seguros y sintiéndose amados, pero sobre todo cuando éstos están asentados desde la confianza y el amor.
Trabajamos con un grupo de madres y educadoras decidido, con ganas de mirar, de experimentar, de aprender de ellas mismas que le dio mucha fuerza, dinamismo y emotividad al recorrido del taller.
Tanto Maria Inés, como yo, os agradecemos vuestra presencia, entrega, vuestras ganas de dar y recibir y gracias por compartir tanto vuestras dificultades como vuestros deseos de avanzar.
Este taller es un pasito más en el proceso de aprender de nuestro mundo emocional y del de los más pequeños.
Tras una rabieta se pasa horas llorando
Alice pregunta:
Soy mamá de Esteban de 2 años y medio. Estuve leyendo en su página sobre los berrinches. El tema es que desde que cumplió 2 años dice no a todo y cuando lo dejamos encerrado en su cuarto para que se calme puede llorar por horas. Un día quedó como 3 hs. Sabe salir de su cuna y sabe hacer pis solo pero ese día mojó toda su cama con pis y siguió llorando pasadas las 3hs ¿Qué hago?
Te recomiendo leas muy atentamente todo lo que he estado escribiendo sobre las rabietas y el NO pues tu hijo se encuentra en esta fase en la que quiere probar su autoridad, salirse con sus demandas y cuando no lo consigue se enfada con la fuerza de un volcán.
Permitir que tu hijo llore y exprese su rabia cuando tú le pones límites es bueno. Que llore un ratito en su habitación o a tu lado y le dices que cuando se calme lo podrás atender “ya veo estas enfadado porque te he reñido cuando te calmes te podré atender”, ya es suficiente para que tu peque vaya aprendiendo que sus conductas incorrectas tienen consecuencias.
Pero si lo dejas encerrado en su cuarto durante tanto rato a la espera que se calme lo que le estás transmitiendo es “estás castigado por no obedecer, has sido muy malo y por eso te encierro”. Seguramente a la rabieta de tu hijo se le sumó la impotencia de sentirse sólo, encerrado, y además, abandonado y dudo que esta situación le ayude a madurar.
Si tú ves que tras 10 minutos de llanto tu hijo no se calma, seguramente la intensidad de su rabia o frustración sea tan grande que te necesite para calmarse.
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Taller “Hazte amigo de los límites. Ayudan a crecer”
Dentro del proyecto “Sentirse Padres, Lenguaje emocional entre padres e hijos”, el pasado sábado 23 de enero realizamos en el Centro Arena el taller relacionado con los límites.
Un grupo reducido formado por un padre, madres y educadoras se apuntaron a este taller con el objetivo de descubrir o aprender algo nuevo que les ayudara en la relación con los hijos o alumnos.
Realizamos diferentes tipos de experiencias y dinámicas en un espacio cómodo, protegido y en confianza con la intención de que cada participante hiciera un viaje interior, en el que descubrir nuevas maneras, revalorizar las actitudes conocidas y darse cuenta de su mundo emocional.
Los límites ayudan a crecer, tanto a quien los recibe, como a quién los pone. En este sentido cada miembro del grupo experimentó diferentes dinámicas para poner su atención en aspectos importantes como:
-. Cómo pongo yo los límites.
-. Cómo reacciono cuando los recibo.
-. Qué siento ante una reacción determinada, es decir, cuando el otro reacciona con firmeza o enfado o exigencia o seguridad o confianza, etc.
-. Cómo reacciono y qué siento ante una figura de autoridad.
Cada uno hizo sus propios descubrimientos, en función de su manera de ser y su propio bagaje emocional, para poder darse cuenta de aquello que les dificulta en la relación con sus hijos o alumnos o adultos.
Como siempre digo, para educar no hay varita mágica y por eso NO podemos dar una manera general y válida para actuar ante una situación “difícil” (difícil porque quiero que me haga caso y no lo hace, difícil porque pierdo la paciencia, difícil porque acabo chillando y luego me siento culpable; en definitiva, difícil porque acabo actuando como no deseo).
Cada uno de nosotros debe encontrar cuál es su propia manera de establecer los límites, ser figura de autoridad, relacionarse des de la responsabilidad, la seguridad , la confianza y el amor. Y para ello hemos de ir mirando en nuestro interior, pues es la clave para darse cuenta que mi manera de actuar o reaccionar no tienen que ver con la conducta del niño/a, si no que únicamente tiene que ver ¡conmigo!
“Cuando no me hace caso me pongo nerviosa, le exijo más, incluso le castigo y acabamos enfadadas las dos” Esta manera de reaccionar viene condicionada por lo que estás sintiendo ante la reacción de tu hija o alumna y NO por la manera de actuar de la niña”.
El taller es principalmente vivencial, pero a finales de esta semana entregaremos a los participantes un dossier en el que estarán recogidos y ampliados todos los aspectos tratados y experimentados en el encuentro. Gracias por vuestra participación y entrega. A nosotras también nos ayudó para aprender y madurar a nivel personal y profesional.





