Educar con amor y firmeza
Los límites firmes transmiten señales claras que los niños deben respetar dentro y fuera del hogar de la misma manera que las señales de tráficos nos indican la velocidad a la que tenemos que conducir.
Por medio de estos límites los niños aprenden qué deben hacer en cada momento, son señales que los guían, pero al mismo tiempo los tenemos que acompañar con opciones de comportamiento, de enseñanza de conductas aceptables y por supuesto de consecuencias que los responsabilizan de sus actos.
¿Cómo deben de ser los límites?
- Deben enseñar un orden: Los niños aprenden por medio de procesos y rutinas. A un niño de 4-5 años les podemos poner la siguiente rutina por la mañana: hacer la cama, desayunar, aseo personal, vestir, recoger la habitación y si sobra tiempo podrá ver un ratito de tele antes de ir al colegio.
- Deben estar centrados en la conducta: Si el niño no cumple con la rutina, no es ni un vago, ni un desordenado ni un desobediente. Simplemente no ha sido responsable con la rutina matutina y como consecuencia no le ha dado tiempo a ver la tele.
- Deben ser cortos y claros: nuestro mensaje tiene que ser ¡Hijo, puedes ver la tele siempre y cuando cumplas con la rutina de la mañana!
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Poner normas o límites: ¿desde el amor o desde el miedo?
Aula Hogar, son unos encuentros o talleres de aprendizaje para padres y madres que realizamos de forma mensual en una casa. La anfitriona reúne en su casa un grupo de padres con ganas de aprender y mejorar la relación con sus hijos, y se establece un tiempo de encuentros mensuales para realizar este camino.
La ventaja de hacerlo en un hogar es que el ambiente es muy confortable, las madres y padres se sienten a gusto y además, es más económico.
En el ultimo encuentro Aula Hogar que he realizado (en Barcelona) abordé el tema de los límites y de las normas pero desde una vivencia emocional (no teórica.)
A mi me gusta usar más el término referencias, en vez de límites o normas. Los niños necesitan de sus padres recibir referencias claras. Para mi, cuando los padres ponemos estas referencias a nuestros hijos, lo hacemos apoyándonos en dos bases principales: en el miedo o en el amor.
Las 10 madres que forman este grupo exploraron por ellas mismas los dos tipos de bases, de apoyo a la hora de ofrecer referencias a sus hijos.
Las normas puestas desde el miedo
Desde el miedo, exploraron qué tipo de pensamientos les genera poner normas desde el miedo. Y compartieron con el grupo: miedo a perder el control de la situación, miedo a que enferme mi hijo, miedo a que me toree, miedo a que pierda la autoridad frente a él, miedo a que sufra, miedo a ser mala madre, miedo a que se malcríe, miedo al que dirán, etc.
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Aprender a tolerar la frustración
Una madre me preguntó en una charla que su hijo lloraba cada vez que ella se iba de casa y que las personas de su entorno le aconsejaban que se fuera sin despedirse para evitarle pasar un mal rato.
No dudo que esos consejos se den con el fin de mitigar el dolor del niño pero yo os invito a reflexionar sobre esta cuestión y os pregunto, ¿Realmente creéis que es negativo que un niño llore porque su madre se va o es que los adultos no soportamos su desesperación y reprimiendo la expresión de sus emociones creemos que sufren menos? Pensad sobre ello.
Baja tolerancia a la frustración
Está claro que en la vida nos vamos a encontrar con multitud de frustraciones que sin duda alguna van a fortalecer nuestro carácter. Hoy mama se va de casa, mañana un amigo no quiere jugar con él y en el cole no consigue la aceptación del grupo.
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El castigo ¿es un método disciplinario educativo?
En una ocasión, una madre comentaba en uno de los grupos de la Escuela de Padres y Madres, que por mucho que castigase a sus hijos no servía de nada, no conseguía cambiar la conducta inadecuada y el ambiente en casa era cada vez más tenso. ¿Qué puedo hacer? Se preguntaba. Toda la vida nos han educado así y hemos respondido bien, ¿Por qué ahora resulta tan difícil educar a los hijos?
Hay que decir que el castigo sí es muy efectivo aunque solo a corto plazo, sirve para cambiar la conducta del niño de forma rápida y se obtienen resultados inmediatos.
Pero este método disciplinario por lo general, se basa en el miedo, crea rebeldía y muchas veces incrementa el comportamiento inadecuado que se pretende eliminar. Por lo tanto, no ayuda precisamente a portarse bien, solo a evitar el castigo.
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Una ayuda para educar con pocas normas y claras
Las normas y las rutinas son esenciales para educar pues ofrecen seguridad y bienestar emocional a nuestros hijos o alumnos. Pero para que los niños puedan cumplir estas normas de forma autónoma es necesario estén claras.
Quizás te tranquilice saber que no eres el primero ni el último padre o madre que desgasta el nombre de su hijo cada día para que éste obedezca a poder ser a la primera.
Parecemos loritos, siempre repitiendo las mismas preguntas: ¿Cuántas veces te tengo que decir que te laves las manos?, ¿Te quieres sentar a comer? ¿Quieres dejar de molestar a tu hermana? Estas y otras muchas frases son muy habituales, pero lo único que ofrecen es desgaste (a los padres) y confusión a los niños.
Os animo a que ejerzamos de padres, madres y educadores motivando y reforzando la conducta adecuada. Si lo hacemos así, no tendremos la necesidad de controlar la conducta de nuestros hijos, sustituyendo las repeticiones, los gritos (que dañan) y las amenazas que al final no cumplimos por una convivencia respetuosa y asertiva.
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Mi hija me insulta
Flavia consulta
Mi hija de 4 años se dirige a mi diciéndome tonta, estúpida, idiota y tal actitud la refuerza cuando hay terceros con nosotros. Probé la indiferencia pero redobla la apuesta. Si la disciplino arma un berrinche terrible y no puedo encontrar la causa de esta actitud. Tengo un bebé de 8 meses ¿puede estar relacionado? ¿Cómo puedo bloquear este tipo de comportamiento?
Los insultos en los niños, a la edad de cuatro años, forman parte del afán por conseguir más poder y control sobre su vida. Cuando los niños pequeños descubren que las palabras pueden tener un efecto espectacular tanto en sus padres como en sus semejantes, pueden convertirlas en armas arrojadizas. Pueden usar los insultos con el propósito de hacer daño a otros niños o para desafiar o mostrar su poder a sus padres o maestros.
Los insultos también son una forma de expresar enfado. Al igual que el enfado lo pueden expresar de forma más corporal con llantos, gritos, pataletas, rabietas, etc. Tu hija puede que esté expresándote sus celos, su enfado por la llegada de su hermano pequeño que ahora impide que tenga toda la atención en exclusiva de sus padres.
El enfado es una emoción humana normal y saludable siempre que se canalice como es debido, y es más perjudicial reprimirlo que exteriorizarlo. Cuando tu hija te arma el berrinche también está expresando su enfado y es mejor así que con insultos.
La clave está en lo que hagas tú cuando tu hija se comporte así.
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