Ejercicios de relajación del pequeño maestro
Un poco de relajación viene muy bien ¿verdad?
Estos ejercicios están pensando para relajar la mente y mejorar el ánimo del día.
Suéltate y sigue los movimientos.
En este divertido video, perteneciente a un anuncio para pañales suizos, unos adultos imitan los movimientos de un pequeño maestro bebe. El video juega con la acertada idea de que podemos aprender mucho de los bebés, de su naturalidad y espontaneidad…
Son maestros que nos enseñan cosas que ya habiamos olvidado o que ni siquiera hemos conocido. Deberiamos escucharles con más atención.
¿Tú que opinas?
Visto en bebesymas
Consulta: me he separado y mi hijo está muy agresivo
Cinthya Vanesa busca consejo:
Hola les escribo porque ya no sé que hacer. Mi hijo tiene 1 año 1/2 y pega mucho, además de que es muy enojón. Yo pienso que se debe mucho a que vio la violencia que se generaba entre mi esposo y yo. A causa de eso me separé de él pero mi bebe sigue pegando y se ha vuelto más agresivo que nunca. Por favor díganme cómo puedo solucionar este problema.
Me puedo imaginar que ni tú ni tu peque estáis pasando por un buen momento y seguramente lleváis así mucho tiempo. Describes un ambiente de peleas, tal vez gritos, broncas que crea mucha ansiedad y temor. Además, te has separado de su papá (seguramente una buena decisión para todos) y todo ello genera en ti emoción de inseguridad, miedo, frustración, tristeza, pérdida y en tu peque también.
Tú tal vez no escuches tus emociones pero tu hijo es un experto en percibirlas. Tu hijo siente a la perfección tu angustia, tu rabia, tu tristeza, tu frustración, tu desespero.
¿Cómo le puedes ayudar?
Tu hijo necesita que le expliques lo que te está pasando. Le expliques lo que sientes, el origen de tus preocupaciones, los motivos de tus dificultades. Habla con él. Lo necesita.
Tu peque está mostrando tus preocupaciones a través de su conducta agresiva (lo podría manifestar no comiendo, o cayendo mucho enfermo, o de otras manera, pero ésta es la que él ha escogido por lo que sea).
En la medida que va ir escuchando como su mamá le cuenta cuál es la situación conflictiva se podrá separar de la angustia que él también siente.
No pienses ni por un momento que es demasiado pequeño para entenderte. Te va a escuchar y va a entender.
Va a ser un gran alivio para él escuchar de su mamá que lo que pasa no es culpa suya, que no tiene que ver con él. Que has sentido mucho temor porque la relación con tu marido no era buena. Que las discusiones violentas entre tu marido y tú no tuvieron que ver con él. Que la gran tristeza y angustia que sientes no tiene que ver con él. Que lo quieres y que estás preocupada por qué no sabes cómo tirar adelante en tu vida.
Conecta con tu verdad, sé muy honesta con tu pequeño pues él la siente pero necesita que tú se la expliques y le apartes así de tus conflictos internos.
Si hablas con él y le dedicas tu tiempo (juegos, abrazos, mimos) con el paso de los meses irá cambiando. Ahora te necesita mucho pero no dudes en manifestar tu enfado cuando haga algo incorrecto como pegar.
Cuando se enfade, se muestre agresivo permítele exprese llorando, pataleando su rabia, su enfado. Mientras patalea estate cerca y callada. El notará tu presencia y a la vez se desahogará. Lleva mucha carga emocional encima y necesita darle salida.
Seguramente tú también necesites ayuda. Pídela, búscala. Eres madre separada con un niño muy pequeño e indudablemente llevas una gran carga física y emocional encima.
Es importante poner límites escuchando, sintiendo y estando presente
Hoy día, en la educación de los niños se habla constantemente de los límites, del saber decir “no”, el no darles todos los caprichos, etc. E inmediatamente se asocia el mal comportamiento de los niños con la falta de límites, obviando otros muchos factores y causas que generan esas conductas y que son el verdadero trasfondo de ese tipo de comportamientos. Cuantas veces he oído la frase: “es que este niño no tiene límites, está malcriado”.Estas afirmaciones sobre los límites siempre han llamado mi atención porque realmente nunca he acabado de entenderlas ni compartirlas, ya que sólo explican de manera simplificada y por tanto errónea, estas llamadas de atención que hacen los niños y que tanto perturban al adulto (me refiero al llamado “mal comportamiento”).
Actualmente, mi interés por entender realmente lo que hay detrás de estas afirmaciones va aumentando día a día porque tengo un niño de 2 años y medio, estoy trabajando en el mundo de la enseñanza y tengo el privilegio de observar muchos casos de niños a los que llaman malcriados, maleducados, difíciles y un largo etcétera.
Gracias a esto he podido entender algunas cosas que me gustaría compartir con aquellas personas que puedan tener mis mismas inquietudes. Después de observar durante unos años, he llegado a la conclusión de que los límites tal como se entienden no resolverán nunca el verdadero problema.
Veamos pues, a que me estoy refiriendo. El límite en sí mismo no es nada más que el establecimiento de unas normas de convivencia a seguir, hasta donde se puede llegar y hasta donde no, que cambian según la cultura y la familia. Por ejemplo: lavarse las manos antes de comer, seguir unos horarios, no ver la tele muchas horas, no insultar, no pegar (podríamos estar todo el día enumerando). Y no me digáis que no se están poniendo límites constantemente, la diferencia radica en cómo se ponen estos límites.
Para notar cambios a largo plazo, los límites necesitan ir acompañados de un vínculo amoroso con el adulto que los pone y ese vínculo sólo se genera estando presente, escuchando, sintiendo y viviendo con el niño /a. Generando espacios y mucho tiempo para el compartir, para el juego y para el disfrute, también para el llorar, patalear y dialogar. Así es como el adulto se gana el respeto y la estima del niño/a y le demuestra que tiene algo que ofrecerle y enseñarle, que puede confiar en él.
Automáticamente, en esta atmósfera los famosos límites que no son más que enseñanzas, son aceptados y asimilados por el niño/a como pautas válidas para moverse en el mundo y le dan confianza y seguridad. Por lo tanto, limitar o educar a un niño sin estima ni afecto por parte del adulto no resulta efectivo porque no se ha generado la atmósfera necesaria ni ha aprendido los valores fundamentales de respeto, amor y confianza básicos para que se dé el aprendizaje.



