Peleas entre hermanos, una oportunidad para conocerse mejor
Durante las vacaciones, fines de semana y festivos parece que los hermanos se pelean más, los padres tienen menos paciencia y estamos deseando que llegue el lunes para que la rutina y el orden eviten los enfrentamientos entre hermanos. Cuanto menos se ven menos riñen, suelen decir algunos padres, por lo tanto llegan a la conclusión de que mejor separados que discutiendo por todo.
¿Por qué motivos se pelean los hermanos?
- La diferencia de edad entre dos hermanos les puede llevar a no coincidir en los mismos gustos a la hora de jugar
- Si son muy pequeños pueden carecer de la empatía necesaria para comprender y respetar el juego del otro
- Si quieren llamar la atención del adulto y han aprendido que molestando al hermano la obtienen, harán todo lo posible por satisfacer su necesidad emocional.
- La falta de habilidades sociales y comunicativas para relacionarse de forma adecuada les puede llevar a la rivalidad entre hermanos.
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Cómo validar los sentimientos del niño
Dos hermanos juegan en el salón y el pequeño que no sabe entretenerse solo atraído por el juego de su hermano sigue sus pasos allí donde va.
El mayor harto de no poder realizar una torre con piezas, intenta apartar a su hermano pero éste pierde el equilibrio, cae al suelo y llora. En ese momento entra la madre que al ver que el pequeño llora regaña al mayor.
- Desde luego, mira qué no querer jugar con tu hermano, tienes que comprender que el quiere estar contigo así que si no juegas con él, tendré que guardar tu juguete para que aprendas a compartir.
Como validar los sentimientos
Cuando uno entra en escena a mitad de la película carece de información suficiente para interpretar lo que ha pasado, por lo general actuamos como jueces de la conducta visible pero no intentamos indagar en las necesidades reales de cada uno de los protagonistas de la escena.
El hermano mayor necesita realizar un tipo de juego diferente al que tiene el pequeño, necesita que le comprendan a él y no exigirle que comprenda al pequeño que no hace más que interrumpir su juego. Necesitaría escuchar frases como:
- Hijo, entiendo que tu hermano no te deja jugar como tú quieras, le gusta estar contigo y hacer lo que tú haces pero todavía no sabe jugar como tú. ¿Qué te parece si juegas un ratito con él y luego vengo yo para qué tú puedas terminar tu torre?
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Siento, luego actúo
Una tarde soleada, la familia entera salió a pasear y aprovechando que andaban cerca del supermercado entraron a comprar. Una actividad que los padres necesitaban hacer en ese momento pero que al niño le resultaba aburrida y poco atractiva.
Mientras el padre miraba los productos que necesitaba, el niño de 5 años empezó a correr por los pasillos y a dar vueltas sin dejarles mirar con tranquilidad lo que necesitaban comprar.
La madre se detuvo, le miró a los ojos y le dijo. Hijo, ¿te das cuenta que el aburrimiento te hace hacer cosas que en un supermercado no se deben hacer? Sí quieres mientras mama y papa hacen la compra te propongo que busques en el pasillo de los juguetes un dinosaurio. Esta actividad motivó al niño y durante un buen rato estuvo jugando a buscar animales.
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Enseñar a ver la emoción que hay detrás de una acción
El mundo emocional de los niños es complejo, actúan muchas veces movidos por una emoción, sienten tristeza y lloran, sienten enojo y pegan, sienten vergüenza y se ríen o miedo y gritan. Entre la emoción y la acción falta una herramienta que nos corresponde a los padres enseñar que es la capacidad de pensar antes de actuar para desarrollar el autocontrol necesario para la convivencia.
¿Por qué nos necesitan?
Nuestra labor educativa es muy importante porque el cerebro del niño se está desarrollando y carece de herramientas mentales suficientes para dominar sus emociones siendo muchas veces prisioneros de la inmediatez de su respuesta emocional.
Necesitan nuestra ayuda para desarrollar habilidades de pensamiento para no dejarse atrapar por las emociones, la mayoría de ellas muy intensas.
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Aprender a Ser Padres
Hoy quiero dedicar este post a una gran maestra, Suzy Stroke, de quien aprendí mucho sobre la fuerza de amor y de la humildad para poder acompañar a mis hijos, a otros niños y a muchas madres y padres a crecer interiormente para sentirse personas libres, amorosas y con herramientas.
Suzy ha fallecido recientemente pero sus enseñanzas, su luz y su AMOR siempre perduran en mi y son mi principal apoyo en los talleres o encuentros mensuales que realizo de Aula Hogar.
Y como decía Suzy Stroke, cuando decidimos tener hijos nos sentimos muy ilusionados imaginando la maravilla y el milagro que es traer al mundo un nuevo ser.
Luego no sentimos abrumados por la responsabilidad, por la torpeza, por sentirnos incapaces de comprender qué pasa con este ser tan pequeñito cuando lo único que sabe hacer es llorar, si algo le incomoda.
Deseamos que el tiempo pase y que el bebé ya empiece a hablar para que pueda comunicarnos qué es lo que le duele y qué quiere.
Cuando ya el niño crece un poco y surgen otras dificultades como las pataletas, nuevamente pensamos que cuando crezca un poquito más ya será más fácil.
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Enseñar a perdonar y a pedir perdón
Suele ser habitual ver a la salida del colegio a dos niños que tras discutir por no ponerse de acuerdo en quien dirige el juego o quien le da primero al balón, resuelven pegándose.
Ante estas escenas sus madres rápidamente intervienen para obligarles a pedirse perdón. ¡Pídele perdón inmediatamente! Dice una de las madres con cara enfadada ante la conducta de su hijo. ¡Perdón! Repite el niño como un lorito presionado por la situación y queriendo evitar la amenaza habitual que pocas veces se cumple ¡Si le vuelves a pegar nos vamos a casa!
Enseñar a perdonar
La mayoría de hábitos o rutinas se aprenden por imitación y por repetición de actos, pero a perdonar no se aprende disculpándose por obligación cada vez que el niño comete una falta.
Por supuesto que hay que enseñar a disculparse, sobre todo con nuestro ejemplo, reconociendo cuando nos equivocamos los padres y disculpándonos por ello, pero también hay que enseñar el tipo de relación que deben de tener dos amigos que se quieren y no centrarnos únicamente cuando hay una trifulca.
Es cierto que enseñar la buena convivencia es más costoso y lleva más tiempo pero a la larga se ven resultados.
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