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Los terrores nocturnos, qué son y cómo actuar

En la infancia los terrores nocturnos son un episodio común a muchos niños

Por lo general, pasados los dos años los niños duermen toda la noche de un tirón sin que se despierten en medio de la noche, pero hay algunos pequeños que a partir de los cuatro años experimentan lo que se llaman terrores nocturnos.

Los terrores nocturnos son episodios en medio de la noche que tienen algunos niños cuando despiertan súbitamente llorando, normalmente los padres se los encuentran sentados en la cama y totalmente desconectados del mundo que les rodea.

Son trastornos que alarman mucho a los padres porque en los primeros minutos no les reconocen y cuando le preguntan al niño qué le pasa este no lo sabe decir, se encuentra desubicado, como si aún no hubiese despertado.

Diferencias entre terrores nocturnos y pesadillas

Los terrores nocturnos se dan en niños entre 4 y 12 años, suceden en las primeras horas de la noche y en la primera fase del sueño, despiertan con mucha angustia y ansiedad, gritando y llorando, es difícil despertarles y después de ocurrido no recuerdan nada.

Las pesadillas generalmente las tienen los niños menores de 7 años, aparecen en la fase REM, la fase más profunda del sueño y los pequeños despiertan con miedo, pero son capaces de contar el contenido del sueño y recordar los detalles que les han asustado.

Ambos remiten sin necesidad de tratamiento farmacológico a medida que el niño se hace mayor.

¿Qué hacer ante los terrores nocturnos?

Si tu hijo se despierta gritando y llorando, te lo encuentras sentado en la cama con la mirada al frente y no responde a tu llamada, es un terror nocturno. Siéntate a su lado y espera a que despierte del todo, no intervengas, simplemente vigila que no se golpee o se caiga de la cama.

Después habla con él, pregúntale cómo se siente, tranquilízale diciéndole que es algo normal en los niños, pero que no le va a pasar nada porque vosotros estáis ahí.

Es muy importante el contacto físico, abrázalo, bésalo, que encuentre refugio en ti. Si tu hijo rechaza el contacto durante el episodio no te preocupes, con tu voz suave también le estás acariciando y dándole calma.

Si estos episodios son habituales evita que haya cerca de la cama objetos con los que se pueda golpear como la esquina de un mueble y si duerme cerca de la ventana, asegúrate de dejarla bien cerrada por la noche.

Dale toda la normalidad posible a estos hechos, coméntalos con el resto de familiares para que no se asusten la próxima vez que ocurra y no alarmen de ese modo a tu hijo.

La tensión emocional y la fatiga pueden incrementar estos episodios, procura que el niño duerma sus horas para que luego no acumule cansancio durante el día.

Si el niño llegase a presentar síntomas tales como cambios en la coloración de la piel o vómitos, consulta con un especialista, pero estos casos son una excepción y normalmente los terrores nocturnos desaparecen favorecidos por el descanso y la tranquilidad.

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María Nuez
María Nuez

Madre que habla a otras madres de igual a igual.

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