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El rincón de las emociones
Siguiendo las enseñanzas de Jane Nelsen, propongo que en el aula o en casa tengamos un espacio donde el niño pueda acudir cada vez que lo necesite con el fin de tranquilizarse haciendo uso de diferentes recursos que tenga a su alcance como cuentos, muñecos, hojas para pintar, etc.
Se trata de enseñarle que cuando está nervioso y el enfado le lleva a decir o actuar como no debe, puede hacer diferentes cosas por sí mismo para tranquilizarse y volver a un estado de equilibrio emocional que le permita pensar.
En este espacio podemos trabajar la identificación de emociones, la expresión de los sentimientos y el autocontrol emocional porque cuando los niños están alterados son incapaces de razonar por lo tanto es conveniente que les enseñemos a relajarse primero con nuestra cercanía y comprensión porque una buena forma de afrontar el mal comportamiento del niño es ayudarle a sentirse motivado para eliminar la causa que crea la conducta inadecuada.
Beneficios del rincón de las emociones
- Enseña autocontrol y autodisciplina
- Motiva al niño, le ánima a comportarse de forma adecuada
- El niño entiende que cuando está enfadado no reacciona bien y por eso tiene que relajarse
- Le ayuda a conocerse
- Le permite identificar sus emociones y autorregular su conducta cara a los demás
Como crear el rincón de las emociones
- Es importante que los niños participen en la elaboración de este espacio por lo tanto podemos explicarles la finalidad de este rincón y entre todos podemos diseñarlo y decorarlo.
- Elegir que objetos vamos a tener el rincón de las emociones, como una manta en el suelo, cojines, peluches, cuadernos para pintar,
- Para que todos respetemos este espacio y le demos el uso adecuado, hay que poner unas normas de funcionamiento:
- Entramos cuando necesitamos sentirnos mejor
- Salimos cuando hemos encontrado la manera de deshacernos de nuestro mal humor
- Buscamos al adulto para explicarle como nos hemos sentido y el conflicto que hemos tenido
- Tomamos una decisión correcta: disculparnos, pensar que podemos hacer la próxima vez, repetimos el ejercicio que no me salía, etc.
Leticia Garcés Larrea, Pedagoga y coordinadora de las Escuelas de Padres y Madres por Navarra. www.padresformados.es y www.escuelapadresmadresnavarra.com
La silla de pensar, ¿realmente ayuda a pensar?
Cada vez es más frecuente utilizar la silla de pensar como un método disciplinario en las aulas de infantil o en los hogares con el fin de hacer pensar a los niños sobre la conducta inadecuada que acaban de tener.
Pese a lo positivo de esta técnica, corremos el riesgo de que se convierta en un castigo que lejos de enseñar el comportamiento que hay que modificar o de ayudar a pensar sobre lo ocurrido, el adulto dirigido por la cólera que le ha producido la conducta del niño, le envía a la silla de pensar retirándole su afecto por conductas como pegar a un amigo, romper algo, moverse mucho, enfadarse sin motivo aparente, etc.
Podemos usar frases como ¡Vete a la silla de pensar porque te has portado mal!, ¡Vete a la silla y cuando te hayas calmado hablamos! o ¡Siéntate un rato y luego hablamos sobre lo que ha pasado!
Aparentemente parece correcto el uso que le damos a este método, pero si usamos la silla de pensar como un espacio (tiempo fuera o aislamiento puntual) donde tiene que ir el niño cada vez que hace algo inadecuado, es probable que no sea muy efectivo si no ayuda a reflexionar sobre las emociones que han dirigido su conducta o los pensamientos que han dominado sus decisiones.
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Hermanos que discuten, ¿cuándo y cómo intervenir?
En algunas ocasiones no sabemos si debemos intervenir o no ante una pelea entre hermanos, si vemos que es una simple discusión pensamos que es bueno que lo resuelvan por ellos mismos pero si vemos que llegan a las manos intervenimos inmediatamente, los separamos, cada uno a su habitación y fin de la discusión.
Todo empieza como un juego, uno hace una broma, el otro se la devuelve, la gracia se convierte en burla, la burla en ofensa, el sentido del humor se anula y todo acaba en bronca.
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Educar con consecuencias y no solo con castigos
Durante una charla sobre Alternativas al castigo basada en algunos principios de las autoras Adele Faber y Elaine Mazlish de su libro Como hablar para que sus hijos le escuchen y como escuchar para que sus hijos le hablen, pregunté cual era el último castigo que habían puesto a sus hijos. Una madre comentó que su hijo había orinado en el patio del colegio junto a otro niño y que esa escena le había molestado tanto que decidió quitarle el traje de fútbol durante una semana.
Este ejemplo nos sirve para reflexionar sobre las diferencias que hay entre los castigos que resultan poco educativos aunque muy efectivos a corto plazo y otras opciones que no solo ayudan a corregir la conducta inadecuada sino que enseñan la conducta adecuada, me refiero a educar por medio de consecuencias lógicas y naturales.
Siguiendo con el ejemplo que comentaba, ¿qué relación tiene el traje de fútbol con una travesura puntual en el patio del colegio?
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Educar con amor y firmeza
Los límites firmes transmiten señales claras que los niños deben respetar dentro y fuera del hogar de la misma manera que las señales de tráficos nos indican la velocidad a la que tenemos que conducir.
Por medio de estos límites los niños aprenden qué deben hacer en cada momento, son señales que los guían, pero al mismo tiempo los tenemos que acompañar con opciones de comportamiento, de enseñanza de conductas aceptables y por supuesto de consecuencias que los responsabilizan de sus actos.
¿Cómo deben de ser los límites?
- Deben enseñar un orden: Los niños aprenden por medio de procesos y rutinas. A un niño de 4-5 años les podemos poner la siguiente rutina por la mañana: hacer la cama, desayunar, aseo personal, vestir, recoger la habitación y si sobra tiempo podrá ver un ratito de tele antes de ir al colegio.
- Deben estar centrados en la conducta: Si el niño no cumple con la rutina, no es ni un vago, ni un desordenado ni un desobediente. Simplemente no ha sido responsable con la rutina matutina y como consecuencia no le ha dado tiempo a ver la tele.
- Deben ser cortos y claros: nuestro mensaje tiene que ser ¡Hijo, puedes ver la tele siempre y cuando cumplas con la rutina de la mañana!
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Los estilos educativos de los padres
Uno de los problemas que nos encontramos a la hora de educar a los hijos es que papa y mama no se ponen de acuerdo a hora de poner las normas en el hogar, falta coherencia porque mientras uno piensa que no pasa nada porque el niño juegue con el balón en el salón, el otro piensa que no es un lugar para dar patadas a un balón.
Conclusión, el niño hace lo que quiere cuando puede. ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos de acuerdo en la forma de educar a los niños?
Proyectamos en nuestros hijos la educación que recibimos
Los estilos educativos de la familia oscilan entre dos extremos principalmente, autoritarios y permisivos aunque también existen el sobreprotector y el asertivo (al que deberíamos aspirar todos).
Lo habitual es que eduquemos de la misma manera que fuimos educados, por lo tanto debemos identificar si nuestro estilo educativo nos sirve para fortalecer interiormente a nuestros hijos o simplemente para corregir la conducta sin ningún aprendizaje para el niño.
Padres autoritarios
Los padres autoritarios se centran básicamente en el comportamiento inadecuado del niño, intentan controlar su conducta y lo fuerzan a comportarse de una determinada manera por medio de normas abundantes y rígidas, castigos cuando las incumple y críticas centradas en la persona y no en su conducta, por lo general con poco control emocional por parte de los padres.
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