No poner límites es como conducir sin semáforos
En el post de hoy recojo un comentario a un artículo mío escrito por una seguidora del blog, Manuela Sánchez, también pedagoga y terapeuta Gestáltica, en el que explica qué es para ella frustrar y poner límites en la educación de nuestros hijos.
Manuela escribió: Respecto a la frustración mejor llamarla “poner límites”.
Los límites acompañan al proceso de crecimiento y aprendizaje, sirven de referente y de guía. Dan seguridad y estructura.
El tener claro un referente es imprescindible para ir construyendo la propia personalidad del niño/a dentro de la empatía, el orden, el respeto al otro y el respeto a uno mismo.
Te pongo un ejemplo: ¿te imaginas la ciudad de Barcelona con todos sus coches circulando, pero sin semáforos, sin pasos de cebra, sin guardia urbana y sin unas normas de circulación? ¡Caótico! ¿Dejarías que tu hijo saliese a la calle a conducir en esas condiciones o lo harías tú?
Aplica esto a la educación de tu hijo, pues estoy segura que no le dejarás hacer ciertas cosas que le van a perjudicar.
Los límites son normas necesarias para un crecimiento sano y equilibrado ya que dan seguridad, libertad y protegen.
Los límites nos dicen hasta donde podemos llegar y de donde no podemos pasar. Saber a qué atenerse da confianza.
Sólo conociéndolos podremos, alguna que otra vez, saltárnoslos y desde ese conocimiento nos atendremos a las consecuencias.
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