Los niños entienden los sentimientos que expresan nuestras palabras
Nuestros peques, desde recién nacidos, entienden perfectamente lo que les decimos. No es que nazcan sabiendo el significado de las palabras, pero sí nacen sabiendo descifrar los mensajes emocionales, y por ello, saben interpretar el mensaje que les queremos transmitir.

Las palabras por sí solas no expresan emociones, lo que a nuestros bebés y peques les llega es el sentimiento que expresamos a través de:
- la entonación que usamos que puede comunicar: alegría, disgusto, entusiasmo, decepción, tristeza, rechazo, admiración, etc.
- el volumen de nuestra voz: alto, normal, bajo, un susurro
- los gestos de nuestra cara: los ojos, la boca, la mandíbula hablan por sí solos y además ¡no engañan!
- la corporalidad que a acompaña al mensaje: arrodillados a la altura de sus ojos, estar de pié y mirándolos hacia abajo, cogerlos en brazos, hablarles a distancia, hacer gestos bruscos o suaves con las manos, etc.
No es lo que decimos lo que agrada, serena, convence, satisface, ofende o hiere a nuestros peques (o adultos), sino cómo lo decimos.
¡Haz la prueba! Si es un bebé de pocos meses acerca tu cara a la suya, acaríciale suavemente las mejillas, sonríele mientras le dices con tono suave y amoroso “que feo es mi bebé”. ¿Crees que se mostrará ofendido? Pues seguramente te mirará con gusto a los ojos o la boca, te devolverá una gran sonrisa, moverá enérgicamente sus brazos y piernas pues lo que él acaba de descifrar de tu mensaje es cariño, alegría, mimo, estímulo positivo ¡Y está encantado!
También podemos decirle “que dulce bebé eres” teniéndolo en brazos pero sin ternura (como si fuera un puro trámite), sin mirarlo a los ojos, con tono serio, sin musicalidad, sin sonrisas ¿Crees que su corazón se habrá alegrado de tan dulce palabra?
Desde que nacen nos estamos comunicando constantemente con nuestros peques, incluso cuando no usamos palabras. Ya tengan meses, un año, tres años o cinco son expertos en captar los sentimientos que hay en lo que les decimos.
No les podemos engañar: les podemos decir con voz seca, cara neutra, sin mirarles a los ojos y estando de pié “perdona, te he arañado sin querer” que el dolor de su piel no solo no se calmará, sino que tendrá más ganas de llorar al no sentirse consolado. Y en cambio a nosotros nos puede parecer una conducta exagerada pues ya le hemos pedido perdón ¿Qué más quiere?
Pues un perdón sincero, honesto, de corazón….
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